Review de Her

Este artículo ha sido escrito por Jorge Moreno Aranda.

Anoche me detuve a ver ‘Her’, dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquín Phoenix y la voz de Scarlett Johansson. El film cuenta con otras grandes artistas como Amy Adams y Olivia Wilde. La película ganó numerosos premios, entre los que destacan un Óscar y un Globo de Oro al mejor guión. Todo estos galardones hacen que la película sea muy atractiva a priori, pero es que además, después de verla la sensación que deja es de haber aprovechado el tiempo, no solo en el sentido de disfrutarla sino porque también te hace pensar.

Quiero dejar claro que estas líneas no están escritas con el fin de realizar un análisis cinematográfico, ya que ni lo pretendo ni está a mi alcance. Lo que voy a hacer a continuación es exponer lo que a mí me transmitió la cinta, lo que sentí al verla, lo que pensé. Lo primero es que la sentí una película que pese a tener tan presente la informática, los sistemas operativos y un futuro –de momento ficticio pero que cada día es más real- que tiene como grandes protagonistas a las máquinas fuese tan sumamente humana y hablase de algo tan inhérito al hombre como los sentimientos. Estos sentimientos no solo se dan en los humanos sino también en Samantha (Scarlett Johansson), el sistema operativo del que Theodore (Joaquín Phoenix) se enamora. Samantha, en un momento dado, se pregunta: “¿son reales estos sentimientos? ¿o son parte de la programación?”. A raíz de esta frase me puse a pensar, a debatirme acerca de los sentimientos del ser humano, acerca de si realmente sentimos de forma autónoma o también somos parte de una programación que se nos aplica para ser educados en una cultura determinada y que hace que todos operemos de forma similar. ¿Lo que sentimos es real? ¿O es el resultado de una vida entera siendo adaptados a un entorno determinado? ¿Podemos, siquiera, usar los adjetivos real, natural o artificial en algo tan abstracto como los sentimientos?

Esas cuestiones fueron alimentadas por el trabajo de Thedore, que no es otro que escribir cartas –de forma brillante, dicho sea- en nombre de otras personas para que estas se las envíen a seres queridos. Ya no solo es que lo que sentimos quede en entredicho; lo que expresamos no es la realidad, sino que tratamos de embellecer estas emociones o directamente no las expresamos, ya sea por incapacidad o por comodidad.

Otro punto interesante del film reside en cómo Spike Jonze parece querer darle especial importancia a lo sonoro. Esto queda en evidencia en uno de los personajes principales de la película: Samantha. Samantha no es algo físico, solo tiene voz y cuando intenta que alguien la materialice el experimento sale mal. Otro momento en el que notamos el foco en la BSO es en el que Samantha crea una melodía de piano que pretende sustituir la fotografía que ella y Theodore nunca tendrán por motivos obvios. Curiosamente, en los flashbacks o sueños que Theodore tiene en la película los diálogos son sustituidos por música. Esto resalta la capacidad de una canción para contar lo que está pasando sin necesidad de saber el contenido de la conversación. Y no es una canción quien comunica a la perfección todos sus sentimientos simplemente por su tono, es la voz de Samantha. Esto fue otro de los argumentos que me llevó a pensar que el director quería centrarse en lo sonoro y en su capacidad para transmitir sin la necesidad de aportar imágenes.

 

 

 

 

 

 

‘Her’ es una buena obra para entender el concepto de singularidad tecnológica cada vez más oído en charlas científicas.

 

Finalmente, en lo último que me llevó a pensar la película fue en la ligereza del ser humano. Esto fue culpa de la escena en la que Samantha presenta a Theodore a un filósofo fallecido años antes cuyas obras fueron introducidas en un sistema operativo que permite sustituirle y saber qué pensaría en caso de estar vivo. En este hipotético escenario el ser humano ya no es necesario y ya ha cumplido su objetivo en la historia. Ya ha vertido su conocimiento en el mundo y ahora puede seguirse haciendo uso de él sin el requisito de que siga existiendo. Ahora el cuerpo físico  es pura materia que podría ser sustituida en cualquier momento.

No sé si en un futuro podremos ser reemplazados cuando ya no existamos, lo que sí sé es que mientras existamos merece la pena disfrutar de obras como Her, obras que no acaban cuando apagamos la pantalla sino que perduran en nuestro imaginario, en nuestra forma de ver el mundo, en las preguntas que nos hacemos y en las respuesta que quizá nunca podremos obtener.

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