Reseña de Call Me By Your Name

Como si te retaran a desearles.

La cinta de Luca Guadagnino nominada a tres Globos de Oro y tres Oscars, es un must no solo para la comunidad LGTB, sino para cualquiera que aprecie la intelectualidad, el romance sin color rosa y el acento italiano.

El actor que interpreta a nuestro protagonista de 17 años, Elio, es Timothée Chalamet, un joven de 22 años que este año le ha pegado un buen bocado a Hollywood apareciendo en, además de esta, la también nominada a los Oscars Lady Bird, de la que hablamos ayer.

Call Me By Your Name no es una película gay, ni una película sobre gays. Es una película sobre la sensualidad. Una sensualidad y una belleza universal, que toda persona debería ser capaz de apreciar, tal y como los amantes del arte admiran estatuas griegas como las que aparecen a lo largo de la cinta y le aportan un aesthetic culto y refinado.

Elio, hijo de una familia políglota que habla en francés, italiano e inglés casi aleatoriamente según el momento, se enamora de Oliver, un estudiante de postgrado que pasa el verano en su casa para ayudar al padre de Elio en una investigación. El precioso escenario veraniego de campos verdes y riachuelos, el irresistible acento de los protagonistas, el carácter efusivo y cariñoso que tiene la familia entre sí y con su invitado (no sé si será un tópico o si es cierto que los italianos son así), la riqueza cultural que habita la casa (el padre de Elio es un erudito rodeado de libros, su hijo toca el piano, transcribe música…) son todos ellos elementos sensuales, placenteros, que unidos al buen ver de los dos enamorados, nos pegan a la pantalla y nos hacen sentir lo mismo que cuando comemos chocolate o nos besamos con quien nos gusta. Imagino que ver la película es como beber un buen vino para los que saben diferenciar el buen vino, y digo imagino porque yo aun no bebo de eso.

Para empezar, ninguno de los dos es realmente gay, o no se especifica. Elio mantiene una relación con una chica casi todo el metraje (y disfruta con ella), y llegando al final conocemos que Oliver va a casarse (suponemos que con una mujer). Con lo cual, lo que ocurre entre los dos en ese verano de 1983 es experimentación, exploración, un estudio, como el que está llevando a cabo el padre de Elio sobre esas esculturas griegas, que en sus propias palabras, te incitan a mirarlas. El adolescente se deja llevar y en cuanto se sincera con Oliver, no tiene ningún miedo a exigirle atención, sin ninguna timidez, tan solo preocupándose de no ser pillado in fraganti por alguien, y en ocasiones ni siquiera le importa tanto mantener la discreción.

Tal vez por ser más joven, o por entregarle todo de sí mismo a Oliver, Elio acaba sufriendo muchísimo cuando el veinteañero tiene que irse, suponemos que más que él, que sigue con su vida. Posiblemente ambos pasaran por lo mismo, pero se nos queda la idea de que el que acaba con el corazón roto es Elio porque a Oliver le dejamos de ver en pantalla después de irse. La compleja relación que se forma entre ellos la entendemos cuando Elio se sincera al lado de su padre: creo que él era mejor que yo. Es una mezcla de admiración, idolatría, confianza… Pero Oliver tampoco se olvida de Elio, lo podemos ver, o mejor dicho escuchar cuando tiempo después Oliver llama a la familia para darles la noticia de que está comprometido. Elio vuelve a hacer el juego de llamarle por su nombre, y Oliver le corresponde, diciéndole que sigue recordando hasta el más mínimo detalle de lo que vivieron juntos.

Los actores se pasan la mayoría del tiempo en shorts, sin camiseta, lo que puede agradar al espectador dado el buen físico de Timothée Chalamet y Armie Hammer. Pero el punto está en que mientras se pasean por el caserío semi desnudos, Oliver le comenta a Elio detalles filosóficos sobre un libro que está leyendo, o Elio toca la guitarra… Quiero decir, no solo los protagonistas nos gustan y se gustan entre ellos porque son guapos sino porque tienen profundidad, cosas que decir (aunque tampoco intercambien demasiadas palabras). Por eso hay belleza física y mental.

Para terminar, debo tratar la charla que tienen Elio y su padre ya terminando la película. Resulta que, de alguna manera, su padre ha descubierto o intuido que la relación que se formó entre ellos y que fue algo distante al principio, acabó siendo algo mas que una simple amistad. Elio no le contradice cuando su padre da por hecho que han mantenido una relación, y él nos regala uno de las mejores discursos de aceptación y respeto que a un padre se le podría ocurrir para demostrarle a un hijo su apoyo. No solo deja claro que respeta lo que ha ocurrido entre su ayudante y su hijo, sino que le confiesa sentir admiración por la valentía que conlleva haber entrado en ese terreno desconocido. Que envidia el premio que se ha llevado Elio, una grata experiencia, que solo puede aportarle conocimiento y placer, que no tiene nada de malo. Con suma delicadeza, le pide a su hijo no cerrarse al amor solo porque esta intensa experiencia haya podido dejar estragos en él.

La escena final, un plano fijo que dura lo que tardan los créditos finales en cruzar la pantalla, te ata y no te permite mover la mirada de las lágrimas de Elio. Con una banda sonora perfecta, termina una película perfecta.

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