Hostelería y ansiedad

Desde que trabajé por primera vez hace tres años, durante el verano de 2016, he tenido tres empleos principales, (los siguientes dos durante los siguientes dos veranos), y todos ellos han sido de camarero. A día de hoy me encuentro en el tercero de estos empleos, apunto de acabarlo ya que termina el verano.

El hecho de que obtuviese ese primer trabajo como camarero se debe únicamente a un contacto familiar que digamos, me ayudó a entrar en aquella empresa, si bien los dos veranos posteriores encontré trabajo por mis propios medios. Que consiguiera acabar ese verano de 2016 habiendo sido capaz de aprender (con relativo éxito) el oficio de camarero y no haber muerto en el intento es una de las cosas de las que más orgulloso estoy, y sigo estando orgulloso de haber sido capaz de continuar trabajando de ello (a falta de otra cosa y siempre de forma temporal).

La cuestión es que, a día de hoy, sé con rotundidad que yo he sufrido ansiedad durante bastante tiempo de mi adolescencia, causada por varios motivos (ya sabrán ustedes lo difícil que puede llegar a ser esta etapa de la vida y los miles de factores en juego). Nunca me la han diagnosticado y, de padecerla, creo haberla sufrido de forma mucho más leve que otros amigos cercanos que han llegado a hacer uso de psicólogos. Creo más bien que, no tanto por sufrirla en menor medida sino por haber sido capaz de lidiar con ella, a día de hoy puedo decir que estoy dejándola atrás casi por completo. El haber trabajado en hostelería durante tres ocasiones ha jugado un papel fundamental en el proceso y en este artículo voy a explicaros por qué, ya que creo que puede servir de ayuda a otros.

***

<<(La introversión) deja de ser una característica de tu personalidad para pasar a ser un problema cuando te supone un obstáculo en la vida diaria>>

Mi ansiedad consistía sobretodo en un miedo social, debido a ciertos rechazos que sufrí en su día, como a muchos otros les ha pasado. Estar rodeado de gran cantidad de gente, como en discotecas y fiestas, no me hacía sentirme demasiado seguro. Siempre preferí salir con grupos pequeños de amigos antes de grupos mayores de cuatro o cinco personas, especialmente si no los conocía de antemano. Si bien gustos como estos pueden ser perfectamente propios de una persona introvertida, que son simples formas de personalidad, creo que deja de ser una característica de tu personalidad para pasar a ser un problema cuando te supone un obstáculo en la vida diaria. Trabas como tener miedo continuo a no encajar en nuevos grupos de gente, ser consciente o inconscientemente dependiente de la aprobación de otros, o privarte de realizar ciertas actividades por ti mismo o ir a ciertos sitios solo por miedo.

Yo tenía muy claro que no quería llegar a la etapa adulta con estos lastres, y además me daba una tremenda rabia pensar que tendría que convivir con estas barreras por culpa de factores externos que no merecían tener tanto peso en mi desarrollo como persona (aka bullys de instituto). Esto me hizo decidirme por plantarle cara a esta versión de mí mismo que yo sabía, no era la real. Así comenzó un camino que me llevó desde los 16 años aproximadamente, hasta hoy, con 20 años y a un año de acabar la universidad. Los dos años de bachillerato fueron igual o más decisivos en esta lucha que mis trabajos en hostelería, pero aun así por las peculiaridades que estos últimos presentan, se merecen una observación especial. Así pues, os cuento:

Aquel verano de 2016, entré a formar parte de un equipo de gente joven en una taberna en Torremolinos, establecimiento que hoy ya no está, imagino que por poco volumen de venta. La empresa que la llevaba era una cadena, no diré el nombre.

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Llegué el primer día todo temeroso, pensando que no solo tenía que aprender a establecer una relación profesional con gente que no conocía, sino que como camarero, iba a tener que relacionarme con los cientos de personas que pasaran por allí cada día, aunque fuera meramente para preguntarles qué iban a tomar. Para mí, esto significaba una sobreexposición enorme, que desde luego no combinaba demasiado bien con mi carácter introvertido. A esto había que sumarle otros miedos como el de no saber llevar la bandeja, hablar en inglés, y bueno, no saber absolutamente nada, de hecho.

Lo que ocurrió fue que, comencé a crearme a mí mismo una máscara que, con el paso del tiempo ha ido creciendo y a día de hoy es el motivo por el que me considero un introvertido extrovertido. Para ser capaz de aguantar en el trabajo, vi necesario fingir ser extrovertido con los clientes para que la situación no me comiera vivo, y es que la realidad es: si no los tienes bien puestos y, sobretodo no tienes buena autoestima, en un trabajo como el de la hostelería, la gente TE COME. Esto es aplicable al final a muchos otros sectores y otras facetas de la vida, por ello estoy tan contento de haber pasado por esta “vacuna” podría decirse, porque no solo me ha sido útil para desenvolverme como camarero sino para la vida, en general. Esto de la máscara puede llegar a sonar a ser básicamente un falso, y esto es cierto a medias. Como camarero, siempre tienes que ser falso ya que, a no ser que realmente te guste relacionarte con extraños, nunca te apetece poner buena cara y mucho menos aguantar las idioteces de los clientes.

Pero a la hora de trasladar esto al resto de mi vida, y llegar a ser introvertido extrovertido, me he dado cuenta de que de hecho, ser así encaja con mi personalidad real. Antes de empezar a esconderme en mí mismo durante la adolescencia, yo no padecía de timidez, o al menos una timidez anormal. Me di cuenta de que estaba sanando, reencontrándome. Que sí, que la gente seguía sin gustarme, pero no era lo mismo, dejaba de ser un mecanismo de autodefensa sino una faceta de mi personalidad plenamente desarrollada. Me gustaba ser así.

He de decir que ser camarero me costaba, y me sigue costando, por muchos más factores aparte de la timidez no relacionados, como la necesidad de ir a mil por hora todo el rato cuando yo soy una persona muy tranquila, el constante ruido y griterío de las multitudes, al tratarse de un sitio de cerveceo, el desafío físico que significaba (yo tenía 0 músculo por aquel entonces) y mi falta de reflejos físicos (que soy un poco torpe, vaya).

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Así me imaginaba en bucle todas las noches al intentar dormir, tirándolo todo y causando desastres 24/7

No me esfuerzo en cambiar estas cualidades personales mías porque son eso, cualidades, no son nada negativo ni positivo, si bien sigue gustándome aprender a funcionar bajo estos ambientes tan distintos al mío ya que creo que tiene mucho que aportarme. Al final, de lo que estoy hablando es del famoso tema “salir de la zona de confort”. Me resulta gracioso ya que desde hace mucho vengo leyendo y escuchando en redes sociales mucho odio hacia este concepto, y no me extraña, ya que al final cada uno debe hacer lo que quiera, y no lo que una frase pintada en una taza le diga. Lo cierto es que en mi caso concreto, salir de mi zona de confort me ha ayudado siempre, ya que querer aprender a vivir situaciones difíciles forma parte de mis gustos (¿será que soy un poco masoquista?. Pienso que es algo que ayudaría a más gente de la que podríais pensar, pero como acabo de decir, que cada uno haga lo que quiera y lo que le funcione.

Durante esos dos meses y medio de trabajo, expandí mis límites y me di cuenta de lo mucho que era capaz de hacer. Era una sensación agradable, desde luego. Además, ¡estaba haciendo mi propio dinero por primera vez¡

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Lo malo era que, mientras luchaba contra mi ansiedad preexistente al relacionarme con mis compañeros de trabajo (por lo emocionalmente duro que es para alguien con ansiedad y encima awkward como yo establecer un vínculo con una persona desconocida y abrirte y tener confianza) tenía que hacerle frente a un mayor grado de ansiedad sin precedentes causado por las masas ingentes de personas acudiendo a por su caña de Cruzcampo y su jamoncito y por el estrés y presión que conlleva trabajar en hostelería, donde te exigen ser Flash, y pagándote poco. Al final todo fue superándose poco a poco, a expensas de mí convirtiéndome un poco en una cold bitch.

<<me sentí cómodo construyéndome a mí mismo una nueva forma de ser, más acorde a lo que en parte ya soy y a lo que me gustaría ser. Una puta diva.>>

He hablado mucho de introversión y extroversión, pero otra pieza clave es la AUTOESTIMA. Para trabajar en hostelería, en mi opinión, necesitas mucha autoestima por la misma razón de antes, para que la gente no te coma. Lo que ocurre es que uno comete errores, cientos. Te equivocas de mesa, comandas lo que no es, se te olvidan las cosas, confundes platos, fallos con la cuenta… Pueden pasar millones de cosas. A mí me pasaba que por las noches me rayaba pensando en todos los pequeños errores que había cometido a lo largo del día, hasta llegar a no poder dormir, castigándome a mí mismo de forma desmesurada. Una baja autoestima unida en pack con ansiedad, hace que cada fallo que cometas caiga como una lápida sobre ti, y no puedes dejar que esto pase. Un ejercicio mental que tenía que hacer, era relativizar todo constantemente (cosa que yo personalmente hacía apoyándome en pensamientos nihilistas), y recordarte a ti mismo el valor que tienes. Yo dejaba de ver a los clientes como dioses de algún tipo que “siempre tienen la razón”, como las empresas usualmente te exigen pensar, sino como lo que son, gente normal que, en muchas ocasiones, es directamente estúpida. Y es que esto es así, trabajando en hostelería te das cuenta de la poca empatía de la gente y de las ganas de tocar los cojones del personal. Pues que les den, pensaba yo. Con el tiempo, mi autoestima subía, ya no por estos ejercicios mentales que me ayudaban más a controlar la ansiedad, sino por observarme a mí mismo siendo capaz de resolverme en las situaciones, cada día un poco mejor. Al final, me sentí cómodo construyéndome a mí mismo una nueva forma de ser, más acorde a lo que en parte ya soy y a lo que me gustaría ser. Una puta diva. Period.

Digamos que mi personaje de camarero acabó por ser una mezcla entre la del pelo oscuro de Dos chicas sin blanca y el cliché de la persona que finge pasar de todo, pero no porque le de todo igual, sino porque es la única forma de salir del paso sin que la gente llegue a hacerte daño.

<<Un ejercicio mental que tenía que hacer, era relativizar todo constantemente (cosa que yo personalmente hacía apoyándome en pensamientos nihilistas)>>

Pero en cuanto al trato con los clientes, hay que recordar que no todas las experiencias son malas. También hay gente agradable con la que puede surgir una conversación de forma espontánea, clientes habituales que acaban siendo simpáticas compañías. En parte por la alegría que le da a uno encontrarse a gente así, y en parte por la obligación como camarero de ser todo lo amable posible, acabé acostumbrándome a hablar con gente desconocida, cada vez con menor preocupación por lo que pudieran pensar de mí. Esto, unido a ver cómo pude llevarme perfectamente con mis compañeros de trabajo, me redujo los miedos que tenía entonces por empezar un nuevo año en Madrid, año en el que me cambié de campus e iba a estar obligado por tanto a hacer nuevos amigos.

Resumiendo, que en la vida, al menos de la forma en que yo la veo, hay que superar las barreras mentales que nos auto imponemos (aunque pensemos que nos son impuestas) y a la ansiedad, siendo un mal tan común hoy en día, hay que hacerle frente. En un futuro post intentaré hablar de mi experiencia como camarero ya no en relación a la ansiedad sino más en general.

 

Un comentario en “Hostelería y ansiedad

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