Crónica de una entrevista de trabajo

En plena búsqueda de prácticas universitarias hace un par de semanas, apliqué para una empresa en concreto que prometía un sueldo bastante mayor al de otras ofertas de prácticas, (ya ni hablar de las que ni siquiera son remuneradas). No diré el nombre de la empresa para mantener el anonimato, ya que en este momento sigo en el proceso de selección.

El caso es que fui admitido en el proceso, y esta fue la entrevista de trabajo más perturbadora, terrible, tenebrosa, maquiavélica, … Es broma, no soy Dross. La entrevista, y todo el proceso en su conjunto, fue bastante surrealista y sí que me hizo sentir raro por muchos motivos, fue sin duda una mañana extraña. Aquí, os lo cuento.

“yo tenía la misma sensación que Charlie entrando en la fábrica de chocolate. No podía quitarme de la cabeza que estaba ante las puertas de una empresa maligna, de las que trata de absorber todo a su paso”

ENTREVISTA GRUPAL

Fui citado en una de las oficinas centrales de la compañía un jueves por la mañana, en Ronda de la Comunicación, Madrid (hasta aquí puedo decir). Me dijeron que sería una entrevista grupal, así que me imaginé sentado en una mesa grande, con otras cinco o seis personas, y un entrevistador. La cosa fue bastante distinta.

Salí de la estación de metro y abrí el Google Maps, para cerciorarme de que iba en la dirección adecuada (aunque el edificio podía verse desde la distancia). Acababa de comerme el plátano que me llevé como desayuno cuando me di cuenta de que una chica llevaba caminando detrás mía durante un rato. Me imaginé que ella también iría a la misma entrevista. Tuve un pequeño desliz al acercarme a preguntar a un guardia por dónde se entraba; me equivoqué de edificio. Mientras tanto la chica me adelantó y yo no tuve más que seguirla hasta llegar a la entrada correcta. Cuando la chica entró por la puerta del parking, un guardia le dijo que por favor, la siguiente vez entrara por la otra puerta. No pasaba nada por esta vez. Yo ya estaba justo detrás suya así que el guardia me miró también a mí, como dándome la misma indicación. Avanzamos casi juntos hacia la escalera del gigante edificio, y ahí fue cuando la chica se dio la vuelta para preguntarme si por casualidad yo iba a la misma entrevista, así era. Hacía sol y el lugar parecía tranquilo, pero yo tenía la misma sensación que Charlie entrando en la fábrica de chocolate. No podía quitarme de la cabeza que estaba ante las puertas de una empresa maligna, de las que trata de absorber todo a su paso.

La chica fue muy amable y cercana, y no tuvo miedo de mostrarse humana y expresar su nerviosismo, desde luego aquel edificio imponía. Ella estudiaba ingeniería y diseño, y al principio nos asombramos al ver que estudiábamos cosas muy distintas (periodismo en mi caso). Hicimos una cola para poder recibir una acreditación, el guardia tenía una lista con nuestro nombre y DNI. Las medidas de seguridad eran increíblemente serias. La cola se fue haciendo más larga, llena de hombres en traje. Al fondo vi a otro chico que parecía de nuestra edad, iba en sudadera. Supe al instante, por cómo nos miró, que él también venía por la misma razón que nosotros. Yo tampoco iba arreglado. Llevaba unas botas, vaqueros azul claro y camiseta básica negra del Primark. Más tarde pude ver cómo ese chico y yo éramos los únicos que nos pasamos el dresscode por el forro.

Poco después de acreditarnos, una mujer de pelo corto, rizado y castaño, piel tersa y sonrisa blanca impoluta vino a recogernos. Casi era la hora en la que tendríamos que estar empezando la entrevista, pero la barrera de seguridad se demoró más tiempo del esperado. La empleada empezó a hablar con nosotros, transmitiéndonos tranquilidad y explicándonos que la mayoría ya había llegado, y estaban esperándonos. Aun así nos dijo que no llegábamos tarde. Yo seguía arrimado a la chica con la que había entablado amistad. Otros cuatro hombres y una mujer, si no recuerdo mal, se unieron a nosotros tras pasar el control para acto seguido bajar unas escaleras hacia el nivel subterráneo del edificio. Si esto era la fábrica de chocolate, me preguntaba cuál de nosotros sería el primero en caer.

“No pude evitar sentirme cercano a él, como si fuéramos dos viajeros de segunda que se han colado en el ala de primera clase del Titanic”

Avanzamos por unos pasillos oscuros, con oficinas de cristal a los lados y sin ventanas, claro. Esas tonalidades oscuras, el ambiente empresarial distópico, y la estructura subterránea me recordaron a la Umbrella Coporation, de Resident Evil. Me imaginé que en algún lugar debía haber un ascensor secreto que te llevara kilómetros bajo tierra, escondiendo a saber qué planes malvados. Llegamos a la habitación y la empleada nos invitó a pasar. Al entrar, pude notar al instante que yo no pertenecía a aquel lugar.

La entrevista grupal, no iba a ser de seis, ni de siete, ni de ocho personas. Al menos veinticinco jóvenes estaban sentados alrededor de mesas distribuidas por toda la sala, unidas por los lados, que dejaban el centro de la habitación libre. Todos los hombres, excepto quizá dos que llevaban polo (y el de la sudadera y yo) llevaban traje y corbata. El ambiente de pronto se había vuelto enormemente serio. Me avergoncé un poco al ver cómo nos miraban, pensando en si me juzgarían como si los de Élite se tratasen, mirando mi outfit descaradamente informal. Nos sentamos, yo al lado de la chica con la que entré, y el chico de la sudadera bastante alejado. No pude evitar sentirme cercano a él, como si fuéramos dos viajeros de segunda que se habían colado en el ala de primera clase del Titanic. Las chicas llevaban camisas de colores claros, zapatos elegantes y chaquetas oscuras.

Sobre una mesa había jarras transparentes de agua, con vasos para todos. En un extremo de la sala se encontraban dos mujeres y un hombre, con documentos enfrente de ellos. Poco dirían a lo largo de la jornada, tan solo se dedicaron a contemplar nuestro desempeño durante toda la prueba y a hacer anotaciones.

Otra mujer de recursos humanos se encontraba en la sala, que sería la que nos guiaría a través del proceso, que duraría hasta las una, aproximadamente.

Nos dieron una pegatina para escribir nuestros nombres. Escribí el mío e intenté despegarla sin éxito. Ya tenían todos sus pegatinas adheridas a la ropa cuando yo aún no había conseguido despegar la mía. Me asusté pensando en que iba a ser el primero en hacer el ridículo, pero cuidadosamente, le pedí a ‘mi amiga’ que me ayudara. Consiguió despegarla y dármela sin que nadie se diera cuenta.

La mujer que comenzó la presentación, explicándonos todo, tenía el pelo liso, por los hombros, y ojos redondos, penetrantes. Comentó que el dresscode de la empresa era informal, algo que contrastaba con la dominancia de los zapatos y traje que llevaban la mayoría. Me pregunté hasta qué punto mi vestimenta entraba dentro de ese ‘informal’. También nos felicitó por “haber llegado hasta ahí”.

“el tópico que existe sobre los estudiantes de ADE y Derecho era real. Todos allí bien puestecitos, con sus trajes y sus auras señoriales, ¿eran pijos de verdad?”

La primera tarea que tuvimos que hacer, tras ver un vídeo y escuchar un resumen sobre los valores que quería representar la empresa, con los que teníamos que estar familiarizados, era dar una pequeña serie de datos sobre nosotros.

Nombre, procedencia, estudios, un hobby, y un país en el que querríamos vivir si no pudiéramos vivir en España. Un chico se ofreció voluntario para comenzar, y a partir de ahí una por una fueron presentándose todas las personas que estábamos allí sentadas. Me quedé totalmente atónito al ir escuchando como todos los allí presentes habían estudiado, o bien una ingeniería de nombre largo, o ADE (Administración de Empresas) y Derecho. Tuve que contener las ganas de reírme, al pensar en si el tópico que existe sobre los estudiantes de ADE y Derecho era real. Todos allí bien puestecitos, con sus trajes y sus auras señoriales, ¿eran pijos de verdad?

Y es que además, muchos destacaban como hobby el viajar, algo que, evidentemente, solo las personas con dinero pueden permitirse hacer a menudo. Me los imaginé en sus fiestas de ricos, saliendo de sus universidades privadas, y fantaseando con su puestos de directivo tras ser escogidos por la compañía. Mi cerebro me gritaba sin parar: ¿qué demonios haces aquí?

Cuando llegó mi turno, comenté que era de la Rey Juan Carlos, y claro, para hacer la típica broma, dije que a mí no me habían regalado nada. Conseguí hacerles reír un poco, y pensé que eso era buena señal. Como hobby mencioné la música, y como país elegí Estados Unidos. Después vi que no fui el único en decir Estados Unidos, pero aun así me dio rabia haber dado esa respuesta, que creo que sonó demasiado repipi. ¿Me habrán notado falso? ¿Me habrán calado? pensé.

Poco después comenzó la primera prueba. La mujer nos expuso un ‘caso de estudio’. Nos explicó que, en grupos de cuatro o cinco, teníamos que exponer las razones por las que la empresa debía ser la escogida para llevar a cabo un proyecto en una región de África, como si estuviéramos ante los mandatarios de aquel país, a los que teníamos que convencer. Los grupos estaban ya formados, así que corrí a sentarme con los demás y, después de leer una hoja con información que nos proporcionaron, nos pusimos a debatir. Me preguntaba qué podía ofrecer yo como periodista en el desarrollo de la estrategia, pero viendo como todo el rato aquellos tres encargados de la selección , no paraban de anotar cosas en sus libretitas paseándose a nuestro alrededor, decidí olvidar la timidez y participar todo lo que pude, en un intento desesperado de llamar su atención. Resalté lo que me parecía correcto de las ideas de mis compañeros e intenté dar las mías propias.

Terminamos siendo los primeros en exponer, y de hecho, yo fui el primero en hablar, ya que me encargué de la introducción. El hecho de acabar siendo el primero en intervenir me pareció una broma del destino. Mi participación, no obstante, no fue resaltable , ya que no dije nada que realmente indicara una dirección clara.

Tras el ejercicio, que nos tuvo a todos bastante tensos al ser conscientes de que estábamos siendo minuciosamente juzgados y encasillados, como si fuéramos ganado en un concurso de vacas, se nos permitió hacer un descanso para ir al baño.

Después del descanso, se nos dieron las instrucciones para hacer una nueva presentación en grupo, con una pequeña diferencia. Esta vez, tendríamos que hablar en inglés. La de recursos humanos explicó el ejercicio también en inglés, y se nos prohibió radicalmente hablar en español con nuestros compañeros mientras organizábamos la presentación. El ejercicio consistía en planificar una actividad para todos los empleados de la compañía, que sirviera para concienciar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. También tendríamos que dibujar un póster.

De nuevo, intenté participar todo lo posible, aunque la preparación resultó ser mucho más caótica que en la prueba anterior, tal vez por tener que entendernos en inglés. A decir verdad, pensé que esta sería mi oportunidad para resaltar algo más, ya que el inglés es una de mis mayores destrezas. Finalmente, el grupo tuvo problemas en ponerse de acuerdo en ciertos aspectos, así que la exposición acabó siendo bastante improvisada. Me fustigué un poco a mí mismo ya que, pensé que tendría que haber contribuido más en el diseño del póster, que es claramente una labor propia de los expertos en comunicación, más que de los ingenieros o abogados. Pero lo cierto es que, pese a que tuve varias ideas para el póster, decidí no entrometerme mucho, ya que estaba resultando difícil escoger una visión clara.

En la presentación, conseguí explicar con palabras todo lo que no había sido capaz de decirle con detalle al resto del grupo antes, además de darle una estructura clara a esa actividad que se nos había ocurrido, que no estaba del todo desarrollada. Fue mi mejor momento en toda la entrevista. En esta prueba, no todos estaban obligados a hablar, a diferencia de la anterior.

Tras la prueba, nos comunicaron que la jornada había terminado, y que en un par de semanas conoceríamos el veredicto. Salimos de allí y fuimos en grupo a la estación de metro. Noté que uno de los chicos que venía con nosotros no paraba de hablar, víctima del nerviosismo, imaginé. Me comentó que me había visto muy bien en la prueba en inglés, que “había conseguido resaltar”. Me alegró pensar que tal vez hubiera tenido un pequeño éxito entre aquellos encamisados, de aspecto implacable.

Cogimos el metro y la experiencia terminó. Quizá no sea la experiencia más “surrealista” que haya podido tener, pero me marcó más por los sentimientos que me evocó aquel lugar y aquella gente. Fue en definitiva, una experiencia que, pese a no tener quizá nada de anormal para otros, a mí me intimó en parte, y me hizo conocer facetas de mí que creía perdidas.

He contado primero la historia de la entrevista grupal, pero la parte anterior de las pruebas online tampoco tiene desperdicio:

“me dio la impresión de estar ante un proceso de selección futurista, pero también un poco Black Mirror”

LAS PRUEBAS ONLINE

Para empezar, antes incluso de llegar a la entrevista en persona, los solicitantes tuvimos que realizar unas pruebas online que ya bastaban para darle a uno la impresión de que se estaba metiendo en mierda seria. Se trataba de 3 pruebas, una de inglés, otra de personalidad, y otra de lógica matemática. La de inglés era una prueba de idioma normal y corriente, la de personalidad ya resultaba un tanto intrusiva, y las de lógica fueron una locura. Esta no será, por supuesto, la única empresa que exige pasar por esta criba, pero yo soy muy impresionable para algunas cosas, y me dio la impresión de estar ante un proceso de selección futurista, pero también un poco Black Mirror. Era como hacer las pruebas de la saga Divergente que te hacen ver de qué facción eres, o como ponerte encima el sombrero seleccionador, ¡y todo esto online!

La empresa nos mandó tres pdfs con los resultados de las tres pruebas, y en cuanto a la de personalidad, es realmente extraño ver cómo un algoritmo puede, supuestamente, crear un perfil profundo de ti a partir tan solo de un cuestionario online de dos páginas. Un resultado como este a partir de esos pocos datos a mí me parece poco fiable.

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El cuestionario constaba de dos partes que correspondían a dos preguntas, que eran algo así como: ¿qué características crees que corresponden a cómo te ven tus compañeros? y ¿qué características crees tú que realmente te definen? Y a partir de ahí, tan solo tenías que clicar en la casilla de aquellas que considerases oportunas, como “extrovertido”, “tirano” o “paciente”.

“un algoritmo online se encargaba de estipular si eres tonto o no, y te lo comunicaba en un informe autogenerado”

Ahora viene la parte lógico-matemática. He de decir que me resultó extraño tener que hacer unas pruebas de este tipo, siendo yo un estudiante de Periodismo que estaba aplicando a un puesto en el ala de comunicación. Las mismas pruebas debían realizarlas todos los que apliquen al proceso, ya sean estudiantes de ingeniería, derecho, o publicidad. No voy a juzgar si esto es bueno o malo, pero es cierto que daba la impresión de que buscaban coeficientes altos (por lo que yo ya di por hecho que no me iban a coger).

Las pruebas de lógica se dividían en tres: aritmética, pensamiento lógico-inductivo, y pensamiento lógico-deductivo (a saber qué diantres significa cualquiera de esas cosas). En una de ellas, tenías que adivinar qué dibujo faltaba en una extraña cuadrícula con otras figuras, en otra debías adivinar qué objeto no correspondía en una serie, y en la otra tenías que hacer cálculos matemáticos rápidamente. Desde luego pensé que esta parte del proceso sería la que peor se me daría, aunque al final, tampoco me fue tan mal. De nuevo, un algoritmo online se encargaba de estipular si eres tonto o no, y te lo comunicaba en un informe autogenerado. Estos fueron los inquietantemente precisos resultados:

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La empresa sacaba la media de los resultados del grupo concreto de personas que se han presentado a la oferta de prácticas en el mismo periodo que tú. Pensar fui capaz de al menos, mantenerme justo en la media en un grupo lleno, en parte, de ingenieros, me hizo bastante feliz 😂

Pues bien, en esto consistieron las pruebas online (no doy detalles sobre la de inglés porque se limitaba a decirte cuál era tu nivel de A1 a C2, lo normal).

En fin, imagino que esta forma de hacer criba entre los solicitantes a un puesto de trabajo será cada vez mas común en el futuro, de ahí mi asombro y leve temor.

Y vosotros, ¿qué opináis de un proceso de selección de este tipo? ¿habéis atendido alguna entrevista así? ¡Cuéntame tu experiencia en los comentarios!

Imagen de portada: Fotografía del centro de arquitectura de Copenhague.

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