La crítica política de la Season 6 de Bojack Horseman

Acabo de terminarme la primera parte de la última temporada de la serie de Netflix Bojack Horseman, estrenada hace tan solo unas semanas, y quiero hacer un post especialmente dedicado a las pullitas que el guión lanza a la sociedad y al sistema político estadounidense.

Se trata de una serie que se ha convertido en una de las favoritas de estos últimos años para mí y para mucha otra gente, y ya que sus creadores suelen aprovechar para enviar entre líneas ciertas críticas al mundo moderno y capitalista, veo oportuno tratarlas, pues no tienen desperdicio. Además, las dificultades que se le presentan a Diane como periodista sirven también para reflejar algunos problemas reales de esa industria. Hay muchos vídeos en YouTube tratando los significados psicológicos y culturales de lo expuesto en la serie, pero pocos posts dedicados a analizar estas críticas políticas. Comenzamos.

 

‘the ugly underbelly of American capitalism’

 

Diane Nguyen en Girl Croosh
Diane Nguyen con su jefa, Stefani Stilton, en la oficina de Girl Croosh.

 

Ya estamos habituados a que Diane sea la que más atiza contra los sinsentidos de la política y de la sociedad americana en Bojack Horseman, y en la sexta temporada esto no cambia. En el tercer episodio de esta temporada final, la periodista critica ya en sus primeros minutos al sistema de sanidad privado estadounidense, diciendo que son “la única nación desarrollada sin seguridad social”.

<<un fiel reflejo de los monopolios de nuestra época, que incluso compran periódicos para que la prensa deje de ser un problema>>

Lo hace justo después de que ella y su cámara, Guy, hablaran por teléfono con Stefani, su jefa en Girl Croosh, la revista online ficticia para la que trabaja Diane. La periodista intenta producir vídeos para la web que contengan de alguna manera un mensaje político que enseñarle a su audiencia, sin embargo, su jefa tiene otros planes. Diane, obsesionada con “marcar la diferencia” a través de un buen periodismo que pueda tener una utilidad real para alguien, se verá coartada después de que Stefani, cansada de que Diane “exponga los sucios bajos del capitalismo Americano”, le pida hacer hueco para alguna ‘feel-good story’, refiriéndose a otro tipo de contenido que deje a los espectadores con un buen sabor de boca, (aunque esto pase por hacer un contenido superficial y vacío de significado).

Tal y como vemos en el panel en la oficina de Stefani que muestra qué artículos son los más leídos y por tanto, qué clase de contenido quiere que Diane produzca, el contenido estrella de Girl Croosh no es exactamente “life changing”. Las tostadas de aguacate, las pajitas de plástico y las dietas healthy son los contenidos que lideran su ranking. Todo esto conforma ya una crítica durísima al panorama periodístico actual, en el que los medios pelean por producir el contenido que más clicks atraiga, aunque este se base en vídeos de gatitos o en hacer creer que una persona ha muerto (como ha ocurrido en España con Maria Teresa Campos).

<<¡bien! una start-up pequeña e independiente comprada por un enorme conglomerado, ¡os sentiréis empedradas por vuestro éxito!>>

Diane no recibe la orden de su jefa de buena manera, pero finalmente su cámara acaba por animarla para darle ese twist a su contenido. Para su próximo reportaje acuden a entrevistar a dos emprendedoras que fundaron una compañía de muñecas orientadas a derribar los estándares de belleza, con la intención de sacar de esto una historia agradable. Sin embargo, a Diane le cuesta mantener el tono positivista después de que las empresarias le explican que una multinacional, llamada Whitewhale Consolidated Interests, ha comprado su negocio.

Diane suelta con un mortal sarcasmo “¡bien! una start-up pequeña e independiente comprada por un enorme conglomerado, ¡os sentiréis empedradas por vuestro éxito!”. La cosa no mejora cuando las jóvenes emprendedoras le explican que su política de materiales reciclados que solían utilizar puede que se vaya al garete, y que van a trasladar sus fábricas a países en desarrollo en busca de mano de obra barata. El hecho de que Diane se vea obligada a ignorar estos hechos y a hacer un paripé para transformar todo esto en la genial historia de dos mejores amigas que emprendieron y empoderan ahora a otras niñas con sus muñecas body-friendly, desgarra a la periodista por dentro. Es el infierno personal que lleva nuestro depresivo personaje, paralelo a los sufrimientos de Bojack y Princess Carolyne.

Más adelante en la historia, Diane acabará adentrándose en las redes del misterioso monopolio de Whitewhale, una caricatura de nuestros Amazon o Facebook, que compra empresas de todo tipo haciéndose enorme e imparable, una máquina capitalista deshumanizada e imposible de frenar. Es un fiel reflejo de los monopolios de nuestra época, que incluso compran periódicos (tal y como hizo Whitewhale) para que la prensa deje de ser un problema. Imagino que es una broma sobre la compra de Jeff Bezos (dueño de Amazon) del Washington Post en 2013, una compra que levantó la polémica en su día por lo preocupante que resulta el hecho de que una empresa gigante pueda comprar y evitar así la crítica de la prensa como le venga en gana.

Nuestra periodista de pelo azul llegó a descubrir que el propietario de Whitewhale asesinó a uno de sus trabajadores, y finalmente decidió no publicar nada al respecto, dándose por vencida sin más (¡tendrías que haber persistido Diane, dejas en mal lugar a los periodistas!), pero termina forjando un retrato fiel de la realidad.

LAS PELIS DE SUPERHÉROES Y LOS SINDICATOS DE TRABAJADORES

Otros capítulos de la serie guardan más críticas no tanto políticas como sociales. Hay que recordar el momento en el que vemos a una directora de cine con talento y capaz de crear obras profundas en una crisis profesional al no ser capaz de encontrar trabajo, mientras que la serie se ríe de ella cuando entabla conversación con otro compañero de la industria mucho menos capacitado que ella, que está ganando toneladas de dinero por estar dirigiendo una película de superhéroes de las que están de moda, vacías de todo arte o sensibilidad.

Debemos mencionar las palabras de Martin Scorsese, que hace poco suscitó la polémica al asegurar que las películas de superhéroes “no son cine”, refiriéndose a los blockbusters de Marvel. Parece que el show de Bojack se posiciona de forma parecida a la de Scorsese, haciéndonos testigos más adelante de una reunión en la que la directora de la que hablábamos intenta convencer sin éxito a los empresarios de una de estas franquicias para que la dejen dirigir el próximo taquillazo con un superhéroe como protagonista, sin lograr que la dejaran dirigir la obra porque quiso darle más profundidad y coherencia de la que los empresarios querían. La superficialidad de este tipo de obras hollywoodienses es denunciado a lo largo de ese capítulo.

Por otro lado, veremos en otro episodio a una Princess Carolyne haciendo de la mala de la historia, al participar en un boicot a una huelga de becarios en la industria del entretenimiento que piden mejores condiciones laborales. Carolyne intenta, junto con el productor tortuga (no recuerdo su nombre), acabar con la huelga deshaciéndose de sus líderes, ofreciéndoles mejores contratos (que huelen a engaño) y vendiéndoles la idea de que dejarán de ser becarios para empezar a ser como ellos, es decir, ser de la clase pudiente. Lo peor es que lo consiguen, criticando de paso la fragilidad de la moralidad humana y la debilidad de las personas a la hora de mantenerse fieles a sus ideales, y también la crueldad de los directivos que destruyen al sindicato sin dignarse a concederles a los becarios una mínima mejora, ¡y solo pedían ser tratados como personas!

😔🐴🌧

Para terminar este post, quiero mencionar el diálogo que mantiene Bojack en otro episodio de la temporada, en el que una teleoperadora le pide que conteste a una de estas encuestas que nos piden resolver después de hablar con Vodafone o Jazztle. Lo gracioso es que la teleoperadora le pide que “por favor, conteste a una encuesta sobre mi servicio que determinará de forma directa si me despiden o no”. Me parece una forma honesta y graciosa de criticar cómo los trabajadores están demasiado expuestos y  forzados a parecer robots con tal de evitar que un cliente acabe molesto, aunque sabemos que en muchísimas ocasiones, los clientes son gilipollas. La tecnología podría estar dándole demasiadas herramientas a los empresarios para pegar latigazos a sus trabajadores cada vez que no actúan como máquinas.

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