Analizando el bombazo de Élite

Producir una serie con unas referencias tan claras, declarando desde el principio su intención de copiar unos modelos conocidos por todo el mundo como Riverdale o Gossip Girl y pretender hacerlos suyos, tiene muchos riesgos. De haberse hecho mal, Élite habría acabado siendo un refrito enlatado más que solo habría enganchado al público más joven. Sin embargo, a Carlos Montero y Darío Madrona les ha salido redondo.

Élite merece su lugar propio en el podio de mejores series adolescentes de la actualidad, ha demostrado no ser la copia de ninguna otra sino una correcta y digna versión española. Desde luego parece que España se está haciendo un nombre en el mercado mundial gracias a las otras joyas ibéricas de Netflix que lo han petado anteriormente como Las Chicas del Cable o La Casa de Papel, siendo esta última producida por Atresmedia pero distribuida a nivel internacional como original de la marca.

Personalmente, cuando decidí darle una oportunidad a Élite lo hice sin ninguna expectativa y con todos los prejuicios posibles. La única serie adolescente que realmente he disfrutado en mi vida es Skins, y esta aparentemente típica historia de asesinato y mentiras en un instituto no iba a ser diferente. Pero ver cómo todo el mundo se había enganchado de inmediato a ella me hizo sentir la necesidad de comprobar por mí mismo de qué se trataba el asunto.

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Todos los protagonistas, envueltos de una forma u otra en el asesinato como si de Por Trece Razones se tratase.

No voy a detenerme a explicar punto por punto los pros y contras de la serie ni a resumir su trama, paso directamente a contaros por qué pienso que Élite es buena, porque lo pienso.

Élite cuenta con el toque Netflix, esto es, conseguir que con una chapa de pintura un coche viejo mole como recién sacado de la fábrica, o al menos así lo veo yo. En este caso el coche viejo es Física o Química. Le doy un hurra a la serie por incluir a una protagonista musulmana, por no solo tratar heterosexualidad y homosexualidad sino también poliamor y bisexualidad, por tocar temas controvertidos como la lucha de clases y el VIH y por llevar la esencia teen al máximo nivel. Como diría la youtuber Ter, no le falta actitud performática a esta serie.

Hablando de poliamor, cierto es que ya se puede percibir una evolución y un mayor acogimiento de la diversidad sexual en series anteriores. Pero aún queda mucho territorio por explorar, y en Élite, el personaje de Polo es el que mejor lo representa.  Encontramos un triángulo amoroso genial en el que este joven, el novio de Carla, acaba obsesionándose con Christian, el chico nuevo que la pareja adopta con la intención de darle vidilla a su monótona relación. Polo no puede aguantar el doloroso rechazo de Christian hacia él, que solo acepta el trío para poder acostarse con Carla. Polo no se aclara, tal vez le gustan más los chicos que las chicas, pero de ser así, ¿qué más da?; como dice Carla, las etiquetas para la ropa.

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Para mi gusto, los dos mejores personajes de la serie. Lucrecia y Nadia.

Un acierto total en el casting, contando con la mexicana Danna Paola que coge el testigo de Brenda Asniscar en Patito Feo como la diva del instituto. Paola ejecuta el machacado arquetipo de la chica más popular y creída a la perfección, con un carácter afilado e implacable. Su personaje, Lu, suelta perlas por la boca que te dejan en el suelo al escucharlas, sobretodo hacia Nadia. Se mete con ella en numerosas ocasiones riéndose de su religión y aprovechándose de la prohibición de llevar el pañuelo en el colegio para hacerle sentir inferior. La tiene enfilada por ser la única capaz de destronarla como la primera de la clase y su intento de acabar con ella manipulando al profesor traerá consecuencias (¿spoiler?).

Por otro lado, Nadia, interpretada por la bellísima Mina El Hammani, nos trae un retrato desgarrador del choque cultural entre la tradición musulmana y el desenfreno de los jóvenes occidentales. El carácter frío, distante y rígido de su padre se lleva con peligrosidad a lo largo de la serie, hay un alto riesgo de demonizar y tipificar a los padres musulmanes. Pero al menos se habla de este conflicto de vital importancia sobretodo en nuestro país; en nuestros colegios hay alumnos procedentes de una gran diversidad de etnias y culturas, y la dificultad que muchas veces puede presentarse al conciliar vida social y familiar es un problema real que merecía ser llevado al foco.

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Dos mundos enfrentados, estas dos actrices son el corazón de la serie.

Pero no voy a despedirme sin hablar de al menos algo malo. Tras acabar de ver esta serie ideal para el formato maratón en apenas dos días, no pude evitar pensar en si tal vez todo el rollo ricos contra pobres no se les había ido un poco de las manos.

Puede que estuvieran usando un desproporcionado e infundado odio hacia los ricos que los hacía caer en el cliché. Pero justo después de hacerme esta pregunta, recordé que yo mismo había estudiado durante un año en un colegio privado allá por el 2013. Me di cuenta entonces de que un ambiente como el que se presenta en este prestigioso colegio ficticio de Madrid puede ser perfectamente válido. Si bien estaría llevado a la máxima potencia, no dista mucho de lo que yo viví en mis propias carnes en aquel privado donde hice cuarto de la ESO. Me resultó familiar esa fachada de exclusividad y alardes de superioridad que pretenden separar a los que no tienen futuro de los que sí tienen, como si tales grupos existieran, de la forma más mezquina y narcisista posible por parte de una entidad a la que solo le interesa el dinero.

Además, la primera impresión exagerada que se nos da de los pijitos de este colegio va poco a poco cambiando del negro al gris al conocer más a los personajes, que encuentran su profundidad en los complicados lazos familiares tras ellos. Es el caso de Guzman, cuando le dan una causa noble a su estúpido comportamiento (la preocupación honesta que siente por su hermana), o el caso de Lucrecia, cuando entendemos que su necesidad de soltar veneno cada vez que habla no es más que el resultado de un grave problema de autoestima.

Tenemos a personajes haciendo lo posible por pasar de un bando a otro, como puede ser Carla desechando cualquier prejuicio al incluir a Christian en su vida o Marina al despreciar continuamente al corrupto de su padre. Pero por otro lado está Nadia, luchando por ser la mejor de la clase y por poder quedarse en un instituto que odia pero que al menos le puede abrir las puertas del trabajo que merece, o Christian, que nos da un final de serie estupendo debatiéndose entre seguir su moral o entrar en el juego y apostar por un futuro mejor.

Por lo tanto, en mi opinión la lucha de clases es el apartado más discutible de la propuesta, que se salva sobretodo por las relaciones familiares de los alumnos ricos y por las traiciones entre clases. Y es que las familias con núcleos tan podridos como las que se nos presentan aquí existen. Padres que solo se preocupan de mantener intacta la falsa perfecta imagen de la familia proyectada al exterior y que rechazan por completo la posibilidad de dar a sus hijos un mínimo de libertad para que decidan por ellos mismos qué está bien y qué está mal. Una familia rica no se convierte en apestada solo por tener dinero, sino porque a menudo, a este dinero le acompaña la horrible necesidad de protegerlo sin interferencias morales, la necesidad de ser parte de la élite a toda costa.

Y vosotros, ¿qué opináis?

Yo soy Lady Bird

Ganadora de dos Globos de Oro a mejor película de comedia o musical y mejor actriz y nominada a cinco Oscars, la película famosa por batir un récord en la web de reviews cinematográficas Rotten Tomatoes (alcanzó una puntuación del 100%, hasta que alguien le dio manita abajo, y ahora tiene un 99%), es el debut en solitario de la directora ex-actriz estadounidense Greta Gerwig. Nos trae una película semibiográfica, lo que me recuerda forzosamente al otro gran debut autobiográfico de 2017: el de Carla Simón con Verano 1993. Si bien la película de Gerwig no es tan fiel al pasado de la directora como el de Simón, ambas son películas de corte familiar que narran una importante transición en el personaje principal, ya sea una niña de 6 años en Verano 1993 o una joven de 17 años en Lady Bird.

Lady Bird me recuerda a mí. ¿Por qué es eso importante? Porque seguramente también te recuerde a ti. Cierto es que la cinta trata el paso de la adolescencia a la madurez, un tema ya plasmado en miles de películas, y que caen sobre Saoirse Ronan muchos tópicos como el de la loser que abandona a sus amigos de verdad para juntarse con los populares, que rechista de su madre diga lo que diga, que se avergüenza de sus padres… Sin embargo, Greta coge aquí una historia ya contada y la convierte con su particular enfoque en algo nuevo.

Christine (Saoirse Ronan) y su madre (Laurie Metcalf), la película gira en torno a su relación.

Greta trata una historia de amor, del amor entre madre e hija, que deberán encontrar la manera de entenderse, pero no de quererse, porque eso ya lo hacen.

La familia de Christine (apodada a sí misma como Lady Bird), es económicamente humilde, y las irreales expectativas de la joven por irse fuera a estudiar o perseguir una carrera artística no son del todo compatibles con el plan que su madre puede ofrecerle.

Christine quiere escapar de su instituto religioso, de su decepcionante familia y de ella misma. ¿Y si esta ya es la mejor versión de mí misma? Le dice a su madre mientras se prueba un vestido, mostrando su preocupación por no ser capaz de superarse a sí misma. Y es que piensa que solo por ir a una universidad de prestigio, por ser más popular o por perder la virginidad rápidamente va de alguna manera a convertirla en alguien mejor, pero no es así.

El propio nombre artístico que ella misma adopta, Lady Bird, no es más que una manera de diferenciarse de la chica nacida en el lado equivocado de las vías (metáfora con la que Christine explica que vive en el barrio pobre). Es una crisis de identidad por la que todos pasamos. Lady Bird es inconformista, ambiciosa: participa en el musical del instituto pero cree que el rol secundario que le conceden a ella y a su amiga no es más que una triste forma de conseguir que todos puedan tener un papel, aunque no tengan talento. O todo o nada, así que acaba por abandonar las clases de teatro para codearse con los guays. Sin embargo, ellos tampoco tienen la solución.

La relación madre – hija es una relación de amor – odio. No importa cuánto discutan, Christine no solo quiere con locura a su madre sino que se parece a ella mucho más de lo que se piensa. Tal y como le dice su padre, ambas tienen personalidades muy fuertes. Su madre se siente impotente al no saber cómo poder ayudar a su hija, y su hija se siente atrapada cuando cree que su familia no puede regalarle la vida de sus sueños.

Lady Bird es una buena película porque te enseña que muchas veces, creemos estar buscando algo que cumplirá nuestras expectativas o sueños cuando en realidad solo estamos huyendo de nosotros mismos. Una enseñanza que a mí ya me dio mi padre. Es ridículo lo mucho que me identifico con su protagonista por mis propios deseos de salir de casa de mis padres lo antes posible, y mis intentos por cambiarme de nombre (durante mucho tiempo hice que me llamaran Albert en lugar de Alberto y muchas otras variantes para escapar de mis raíces). ¿Y quién no ha deseado una vida diferente? ¿Quién no ha deseado no tener que vivir con sus padres nunca más?

Es recalcable el detalle que se puso en la figura paterna de Christine, un viejo programador incapaz de hacer frente a la oleada de jóvenes con más conocimientos que él que le dejan sin trabajo. De hecho, el propio hermano mayor de Christine acaba consiguiendo el mismo puesto para el que su padre se entrevistó minutos antes. Esta incapacidad crea en su padre un sentimiento de fracaso que le conduce a la depresión. Cuando en una discusión su madre le echa en cara que pida a su padre que detenga el coche mucho antes de llegar al instituto para que nadie la vea, la hace sentir mal y la protagonista pide inmediatamente perdón a su padre, que mantiene una actitud pasiva. Ya llegaría más tarde el momento de entender que ese rechazo a su familia es una actitud infantil. Hay un debate interesante en el concepto de triunfo o fracaso que lanza la película. Lady Bird busca para ella un futuro mejor, pero, ¿es vivir en la enorme casa azul del barrio significado de triunfo?

En las escenas finales, cuando Christine consigue mudarse a Nueva York para asistir a la universidad, ya no se presenta ante el resto como Lady Bird, recupera su verdadero nombre. Además, la vemos emborracharse y acabar en el hospital. Sigue siendo ella, es una tontería ocultarlo. No se han ido sus defectos ni sus virtudes, y sobretodo, persiste el amor que siente por su tierra natal, Sacramento, un pequeño pueblo de California. Con una emotiva escena final en la que Christine llama a su madre, extrañándola, vemos cómo la hora y media de película conforma una carta de amor que la directora escribe a su hogar, que persigue en el corazón de uno por muy lejos que vaya.

Habrá que estar atento para ver si el film consigue arañar algo en los Oscars.

 

 

Puta sociedad.

Con un 7’5 en Filmaffinity, dos Emmys y tres Globos de Oro, la serie mix de V de Vendetta y El Club de la Lucha protagonizada por un hacker es renovada por USA Network para una cuarta temporada, aunque las cifras de audiencia de estos últimos capítulos no parecen ser tan positivas como las de los finales de las anteriores temporadas.

El pasado miércoles salía a la luz shutdown -r, el último capítulo de la 3ª temporada de una de las mejores series del panorama actual. ¿Por qué una de las mejores series? Porque es un claro reflejo de lo que está ocurriendo a día de hoy en el mundo a causa de las multinacionales y la tecnología. Hagamos un repaso puesto que no hemos hablado de Mr Robot en SSN aún:

Elliot Alderson es un ingeniero de software que trabaja para E-Corp, o Malvada Corporación (tal como la llama Elliot: Evil Corp). Elliot será reclutado por una especie de Anonymous, esta vez competente, llamado fsociety para intentar destruirla.

Sin entrar en crítica cinematográfica porque no soy experto en cine, cualquiera que se ponga a verla nota un estilo de grabación muy definido, una estética seca muy conseguida que te hace sentir tan solitario como el protagonista; te agobia y te oprime. Planos secuencia y encuadres no centrados. Se rompen las reglas de composición con genialidad.

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Los personajes aparecen continuamente en las esquinas de la pantalla, algo muy poco visto en el resto de series mainstream. Aparte de la riqueza visual, ya motivo suficiente para echarle un ojo, la temática de la serie será del agrado de personas con problemas sociales y anarquistas de postureo (y si da casualidad de que no lo eres por postureo mejor).

Entrando en la tercera entrega de la serie con posibles spoilers, la segunda parte de la temporada se centra en Elliot arrepintiéndose e intentando deshacer el hackeo que elabora durante la primera parte y que causa un atentado. Elliot la lía parda, se pasea por Nueva York observando el declive económico, los cortes eléctricos y un toque de queda. El hacker sigue totalmente ido de la cabeza, aunque tiene leves momentos de lucidez en los que parece ser capaz de diferenciar entre lo que quiere Mr Robot y lo que quiere él. Su amiga y compañera Ángela Moss acaba bastante peor psicológicamente que él, no solo culpable por los 4000 muertos que dejó el ataque sino por manipular a Elliot, o lo que es lo mismo, a Mr Robot, para conseguir su propósito.

Una parte de mí no puede evitar estar feliz con el triunfo del ataque. Ver sufrir a la compañía que simboliza a la élite en nuestra sociedad que maneja el dinero y manipula el orden mundial a su antojo para conseguir sus objetivos me produce esperanza y felicidad. Todos suponemos que este ente existe, culpable de la preocupante dirección hacia la que se dirige el mundo. Puta sociedad. Lo triste es que este ataque no sirvió realmente para nada, siendo tan solo un capricho de Whiterose para perjudicar a Phillip Price, el director de E-Corp. Evil Corp sigue siendo igual de poderosa gracias a su último producto: E-Coin, una moneda global.

Si somos como Elliot, odiamos cómo la tecnología nos aleja de los demás y nos recluye en una burbuja, en la que todo lo que entra pasa por el filtro de las compañías y los gobiernos. Paradójicamente él es un experto en tecnología. Sin embargo, los culpables somos nosotros, la sociedad la formamos nosotros; nos odiamos a nosotros mismos.

Durante la tercera temporada, Darlene (la hermana de Elliot) trabaja para el FBI. Mr Robot trabaja con Ángela. Tyrell se descubre como lo que es en realidad, un títere. Hay muertes y traición, y una importante revelación sobre Ángela. En el último capítulo Darlene le hace recuperar a Elliot un recuerdo que su mente había distorsionado. “Mi padre me tiró por la ventana” repetía Elliot. Pero no era su padre, o Mr Robot, el que le tiró, fue él mismo el que se arrojó al vacío. Podría esto significar que no es Mr Robot tan malvado, ni tan incontrolable. Elliot podría estar a punto de aprender a manejar y convivir con su múltiple personalidad en la cuarta temporada.

 

Lobotomizadores de cerebros millenial

Ellos antes molaban…

La masificación de youtube ha traído muchas cosas malas consigo. Ha traído una fórmula para triunfar, porque sí, la hay. Se llama copypaste, y ha existido durante mucho tiempo en diferentes ámbitos. Ahora, el copypaste en youtube se basa en vender la intimidad, clickbait, humor de preescolar y falsedad.

He aquí una lista de youtubers a los que bien les valdría la frase “¡Tú antes molabas!”. Sí, este es un juicio odioso, pero verdaderamente, en YT España hay casos en los que se nota la decadencia, la desestima por la plataforma y la obligación a continuar con el oficio aunque el río de ideas se secara hace tiempo. Estos son 3 ejemplos de creadores que ya no son lo que eran.

Nota: este artículo está hecho desde el humor con el mero objetivo del entretenimiento y la fantasía. SSN respeta a todos los creadores y esto se debe tomar con la misma seriedad que los rankings a la peor vestida, es decir: con ninguna. 

Advertimos además que este artículo contiene un anormal número de términos inventados.

Ejemplo 0: Juanmasaurus

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Este puesto es cascarilla. Él nunca moló. Contenido básico y entretenimiento vacío, risas fáciles. Colaboraciones con otros youtubers ya famosos que suben visitas y subs y pa’lante. En eso consiste el canal de este señor.

EJemplo 1: Celopán

Sus vídeos de Minecraft con voz cálida, tranquila y amistosa le diferenciaban de otros canales de gameplays, relajando a los espectadores y transportándoles a otro mundo con su charla y su buenrollismo. El haber dejado los gameplays para cambiar totalmente la trayectoria del canal y pasarse al vlogging no debería de tener nada de malo, si no fuera porque se ha pasado al bando lobotomizador de cerebros de millenial (usaré también este término más arriba). Se trata del tipo de youtuber que hace negocios sacando libros y haciendo pasar por arte algo que no es más que entretenimiento basura. Un fenómeno que me parece espeluznante es el de la intensidad vacía. En sus libros publicados, en vídeos musicales o cortos no hay más que intensidad sin venir a cuento. Como si las aventuras emocionales de este joven fueran de alguna manera más impactantes que las del resto. Saca partido del morbo al hacer referencia a rollos amorosos en sus vídeos y se une a la nueva ola de youtubers que hacen clickbait rosa: aseguran que van a dar información privada sobre sus vidas a lo GH que al final nunca llegan a desvelar. Como esos clásicos Preguntas y Respuestas que tienen como título la pregunta más picante del vídeo a la que ni siquiera contestan propiamente.

Ejemplo de intensidad vacía:

Vídeos así son como unicornios cagando azúcar rosa, son too much. Ojalá soyunapringada los degolle a todos. ¿De dónde viene tanto sentimiento ni tanta historia?, solo te han dejado por primera vez, ¡supéralo!

¿ME ENGAÑA MI PAREJA?: Ejemplo de puro sensacionalismo.

Ejemplo 2: Yellow Mellow

Melo nos tenía enamorados con sus canciones, parodias, sus originales sketches, sus vlogs en los que comentaba cualquier tema con humor y un estilo único. A veces incluso reivindicativa, como es el caso de aquella canción contra la ley SOPA. Con Melo nos sentíamos parte de la familia, como si nos tomásemos un café con ella frente a frente mientras nos descojonamos. Lo que echo en falta en este canal es autenticidad y brillo. El brillo que había en sus vídeos antes, pasión y disfrute, que se ha perdido pese a contar con cámaras más caras y potentes. Una vez más, los síntomas de declive se repiten. Títulos y miniaturas sensacionalistas que van a por el clickbait deliberadamente, a alimentar el algoritmo de la web.

En su canal secundario, MeloMore, podemos ver el modo de vida viajero de esta youtuber. Es muy común encontrar esta nueva faceta de traveller entre los influencers. ¿De dónde sacan el dinero para viajar tanto? Su contenido se basa en grabarse a ellos mismos mientras disfrutan de experiencias en otros países, vivencias que pagarán, seguramente, con sus ingresos en YT. Decir esto puede parecer fruto de la envidia y el rebajismo ¿a ti qué te importa lo que haga un youtuber con su dinero?

Pero yo aquí no hablo como crítico, que no lo soy, sino como consumidor, porque yo antes veía los vídeos de estas personas. A mí estar viendo lo feliz que es un youtuber viajando sin parar de aquí para allá acababa por estresarme. ¿Por qué? Pues por la razón más sencilla, ¡porque a mí también me encantaría poder viajar tanto! pero adivina qué, el común de los mortales, no puede permitirse con tanta facilidad ese modo de vida, mucho menos antes de los 18. Dedicar tu canal a mostrar al mundo cómo vas de un sitio a otro sin otro propósito a parte de vivir a lo grande, es narcisista y cínico. A todo el mundo le encantaría poder viajar tanto, y es cruel estar manteniéndote a base del dinero que te da esa gente que mientras te ve dice: ojalá yo pudiera hacer lo mismo.

Yellow Mellow es tan solo una de las muchas y muchos viajeros influencers que retroalimentan la rueda de visitas a base de tomarse fotos en lugares exóticos que atraen a los curiosos y dan like. Y estos likes se transforman en pasta. Me gustaría que me entendierais al tratar este punto. No tiene nada de malo el hecho de que te guste viajar. ¡Pero no hace falta que nos lo restriegues! Sé que ningún youtuber iba a tener este objetivo concreto, pero cuando yo era más joven, sentía mucha impotencia al no poder hacer lo mismo que ellos. Eventualmente, decidí no pinchar más en sus vídeos porque no quería darle mi dinero a alguien para que hiciera lo que yo no puedo hacer, y sí, me dirás que yo también puedo hacerlo si trabajo para ello, pero no me digas que esa regla de autoayuda sacada de El Secreto funciona en todos los casos. En vez de malgastar cinco minutos en ver un vídeo, puedo invertirlos en trabajar para que en un futuro sea yo el que pueda vivir esa experiencia. Es a eso a lo que me refiero, a la productividad frente a la pasividad.

Por cierto, ¿por qué Rush Smith y YM no dejan de hablar de Disney? Vale que a ambos les gusta su animación desde hace mucho, pero a estas alturas parece como si hubieran aceptado que el rango de edad de sus suscriptores no va a subir de los 15 años.

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Ejemplo 3: JPelirrojo

Si antes criticábamos a la posible mamá de YouTube España, ahora vamos con el posible papá de la comunidad. JP, un Peter Pan, polémico por sus comentarios en Twitter sobre el maquillaje o los toros que llegaron a chafar una campaña publicitaria (aquel concurso de Maxibón). JP destacaba en YouTube por su energía y vitalidad, nuevos formatos y por supuesto, su música. Sin embargo, la fórmula parece haberse acabado. El elixir de la juventud no hace efecto y ciertos lemas (¡lucha por tus sueños! ¡me importan una mierda los haters!) se quedan anticuados. Sus videoblogs de exagerada duración no consiguen llamar la atención ni saltando de aviones. Su música, por desgracia, cuenta con el mismo número de detractores que de fanáticos, un equilibrio extremo que no ayuda a subir las visitas de sus videoclips.

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Ejemplo de título de mierda de un vídeo de mierda.

Un mismo aura se respira en todos los canales de los que rodean ese Septiembre 13. Rush, Curricé y JP, los tres emparentados y empanados. Dejaron de innovar hace tiempo y su contenido parece solo apto para niños de 11 a 15 años, niños que ya ni siquiera mantienen la concentración en un vídeo si no tiene la cantidad de efectos y la anormalidad por un tubo de los trabajos de El Rubius. Podemos escuchar a la novia o al hermano de JP intentando cantar aunque no presenten facilidad o talento alguno para ello. Esto no es en principio una crítica, que hagan lo que quieran ¿no?, lo inquietante es esta especie de pseudoarte a lo Celopán que intenta vender una intensidad que luce más falsa que un billete de tres euros. El canal de Roenlared está lleno de tags y challenges de humor fácil, un laboratorio de lobotomización de cerebros de millenials. En su defensa diré que no es el único canal con este propósito malvado copiado de telecirco, youtube está hueco en cuanto a significado.

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Es desde luego admirable, sobretodo en el caso de JP, quizá uno de los youtubers con más haters de la comunidad, que siga adelante y a contracorriente, aunque se percibe a leguas que algo no funciona.

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En conclusión, cuando decían que YouTube no tardaría en convertirse en la televisión no andaban desencaminados; no solo ya lo ha hecho, sino que incluso parece estar digievolucionando hacia algo peor en muchos casos. La audiencia joven parece no saber diferenciar entre buen y mal contenido, o tal vez sí, pero deciden ir a por el malo aun sabiendo sus consecuencias para la salud.

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Fútbol, niños rata y copypaste. Eso es youtube en 2017. (Visto en la sección Tendencias)

Por supuesto, la portada de youtube siempre expondrá los vídeos más mierda, no sé cómo lo hace pero el algoritmo se ha vuelto un experto en esto.

No obstante, por supuesto quedan buenos canales en la plataforma que merecen ser descubiertos por más personas, gente que sigue creando contenido original, entretenimiento de calidad, no licuador de neuronas sino constructivo. Próximamente habrá un artículo sobre algunos de estos geniales canales que debes ver.

Crítica de la segunda temporada de Haters Back Off!

(Aviso de spoilers leves)

La serie de Netflix protagonizada por Colleen Ballinger estrenó hace unos días su segunda temporada, y comprobamos que sigue en su línea respecto a la primera.

En Haters Back Off! reina un extraño humor, inquietante. La serie es perturbadora, rocambolesca, bizarra y triste. Triste no refiriéndonos a que en sí sea mala, sino que literalmente, hay más posibilidades de llorar viéndola que de reír. Hay puntos sutiles que te podrán hacer sonreír en algún punto del episodio, pero la mala suerte que corren los personajes a lo largo de los ocho nuevos capítulos y la incordiante estupidez de Miranda y su tío Jim pueden llegar a estresarte más que distraerte por un rato. Y es que la serie es incómoda. Ya lo era en su primera temporada, donde pudimos ver cómo Miranda se dedicaba inconscientemente a hundir moral y físicamente a su familia. Pero es que en esta temporada Miranda llega a rezarle a Dios para que su madre siga enferma (tiene un problema de riñón que a nadie excepto a la hermana menor parece preocuparle), se pone a bailar en el hospital en el que su madre está ingresada cortando el paso a una embarazada e intenta venderle merchandising a la familia de un paciente en coma.

Es el colmo de la tragicomedia. Si bien Miranda nunca tiene malas intenciones y simplemente no se da cuenta de la repercusión que su actitud egoísta tiene en los demás, ver el intenso sufrimiento de su hermana por ser la incomprendida de la familia y los efectos devastadores en la salud de la madre que tienen sus despropósitos secundados por Jim te deja con ganas de darle una bofetada. A veces quieres pegarle una buena ostia y otras un abrazo, desde luego no te deja indiferente.

Pero es que la gilipollez integral de su tío Jim es de record guiness. Él es el supuesto hombre de familia después de que el padre de Miranda, que aparece por primera vez en esta temporada, abandonase a Bethany. Pero lo único que hace es destrozar la casa a martillazos y provocar un deshaucio. No da pie con bola. Alimenta la fantasía de Miranda e intenta ser el mejor mánager, entre los dos forman un ciclón que rompe psicológicamente a Bethany (que tiene problemas para imponerse y demasiada paciencia) y a la hermana pequeña, que también tiene una paciencia descomunal, y aun conformándose con tener un pequeño espacio de intimidad donde relajarse con la pintura, irremediablemente sus cuadros terminan rotos por culpa de las trastadas de Miranda. Si yo fuera la hermana de Miranda, no hubiera aguantado en esa casa. Ah, espera, ella tampoco (huyó con su padre, que resultó ser igual o peor que Miranda).

Hay muchas sitcoms que giran entorno a familias desestructuradas, el que escribe es buen amante de ese tradicional escenario en comedias de situación made in L.A, pero la que encontramos en Haters Back Off! es la peor que se ha visto en televisión. En realidad no, porque la serie solo la encontramos en Netflix, pero sigue siendo la familia más trágica que podamos ver en una serie de humor. Pero, ¿es esta una serie de humor? uno no para de repetírselo cada vez que ve a Miranda dejar por los suelos a su madre con su narcisismo. Por todo esto uno no puede evitar sentirse incómodo, porque cómo no se te van a revolver las tripas viendo a Bethany tumbada en la camilla del hospital a la espera de un trasplante de riñón mientras el tío Jim busca maneras de empeorar su salud para que no le den el alta rápido y tengan tiempo de robar uniformes hospitalarios y montar una pasarela en mitad de la sala de espera. Mientras este festival de muestras de desprecio hacia la madre estaba teniendo lugar, no pude evitar pensar en si tal vez Colleen estaba intentando plantear una metáfora de cómo se debe mantener el sentido del humor aunque estés pasando por los momentos más difíciles, o que intente innovar en la comedia llevándolo a un punto de desequilibrio nunca antes alcanzado. Esto no te exenta de sentir lástima por los que rodean a Miranda.

Si nos centramos en la estupidez de Miranda, aunque ya la damos por obvia porque el personaje es así y no va a cambiar, en ocasiones puede inducirte a la depresión, y es que yo no pude evitar acordarme de aquel chaval con síndrome de Dawn que vi en el super la semana pasada, o en esa chica con leve retraso que hablaba demasiado alto en el bus. La inconsciencia de Miranda es tal que, aunque transmite ternura en muchos momentos, te hace sentir lástima por ella. ¿Cómo no vas a sentir lástima por alguien que sin saberlo es el hazmereír de internet y de su barrio? (Barrio que por cierto carece de vida y está inmerso en un ambiente gris, como en mitad del limbo. No ayuda a crear una atmósfera amigable). Siempre es doloroso descubrir que se están riendo de ti en lugar de contigo.

En definitiva, la serie es un chute emocional tan grande que serás incapaz de ver más de dos capítulos por día antes de que llegue a ser frustrante.

Tal vez sea que me tomo la serie demasiado en serio, que me preocupo demasiado por la salud mental de los personajes, o que exagero demasiado el drama. Miranda, con sus expresiones faciales y voz chirriante, te hará reír de un momento a otro, pero, ¿a qué precio?

El final de temporada, al menos, no deja demasiado mal sabor de boca, (si obviamos que la familia ahora debe vivir en el desván porque les han embargado). Por ello yo tampoco quiero dejar con un mal regusto a los que leen esta crítica. Desde luego, es gracioso ver cómo el universo conspira para que Miranda salga ilesa de sus desventuras, y que al final, consiga provocar con su cabezonería un terremoto en Broadway. Para los fans será grato ver cómo van surgiendo los paralelismos entre la historia que nos cuenta la serie y la que ocurrió en realidad con el personaje de Ballinger, tarea en la que ayudarán Joey Graceffa y Frankie Grande. El último capítulo deja abierta la puerta a una tercera temporada con la aparición de Colleen Ballinger como personaje en la serie, creando gran expectación por ver cómo participará en el universo Sings.

Miranda a veces es too much, hay que tener paciencia con ella. Si la imitamos en cuanto a despreocupación por los traumas y serios trastornos mentales de los personajes, y copiamos un poco la desquiciada actitud pasiva y relajada de la madre, podremos llegar a reír con Haters Back Off!

 

5 de 10.