Melanie Martinez: K-12 Movie Review (no spoilers)

Melanie Martinez estrenaba hoy su primera película a través de un directo en su canal de YouTube. El film era esperado con ansias por sus fans deseosos de ver cómo evolucionaba el universo de Cry Baby, personaje que la cantante creó en su primer álbum, en un proyecto de tal magnitud como lo es una película. El largometraje también se está proyectando en cines de todo el mundo. Su nuevo disco, llamado al igual que la película K-12, también se ha estrenado ya en todas las plataformas digitales.

Tras ver la obra en directo en su canal de YouTube, he decidido escribir mi review sobre el mismo ya que Melanie es sin duda una figura destacable dentro de la industria, que consiguió captar a una audiencia masiva hace cuatro años con su disco debut pese a llevar un estilo visual muy concreto, y un universo musical con letras y sonidos bastante alternativos, eso sí, estructurando todas sus canciones con el esquema pop de duraciones de tres minutos y estribillos pegadizos. Se trataba de un disco inequívocamente pop pero muy conceptual.

En su primer álbum, Melanie contaba la historia de Cry Baby, una niña pequeña atrapada en un mundo adulterado, terrorífico y enfermo. Su estética era perturbadora, casi degenerada, ofreciendo un gran contraste al contar una historia adulta a través de personajes infantiles. Quién hubiera dicho que esta propuesta tan peculiar cosecharía millones de visitas en todos sus videoclips en YouTube y miles de fans alrededor del mundo. Este éxito es el que le ha servido para ganarse la confianza de su discográfica, Atlantic Records, que difícilmente hubiera aceptado la idea de una película de no ser por el apoyo masivo que recibió la artista.

No he podido resistirme...
No he podido resistirme… No, no es Melanie, es Miley Cyrus en su vídeo BB Talk, en el que adoptaba una estética parecida. La similitud, no sé por qué, me resulta graciosa.

 

Me despertaba mucho la curiosidad ver cómo se desarrollaba este nuevo trabajo de la cantante desde que se supo que no iba a abandonar a Cry Baby, sino que iba a expandir su universo. Al tratarse de una idea en principio tan concreta, tenía mis dudas sobre cómo iba Melanie a continuar con la historia sin ser repetitiva. Su primer disco se caracterizaba entre otras cosas por usar sonidos infantiles, como de juguetes, cajitas de música, o incluso burbujas como hace en Soap, una de mis favoritas.

Al final, estos sonidos que nos recuerdan a la niñez no son infinitos, y quería saber cómo renovaba todo este abanico sonoro desde el que cuenta su historia.

K-12

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El tracklist del disco corresponde con el orden en el que aparecen las canciones en la película, lógico ya que la cantante está contándonos una historia con principio y final. La historia comienza con Cry Baby despertándose y preparándose para asistir a lo que denomina en su calendario como “first day of hell”, refiriéndose al comienzo del curso escolar. Ya ha dejado la guardería para adentrase en el colegio/instituto. Poco después la vemos ya dentro del autobús rosa que la llevará a una especie de internado antiguo en el que se desarrollará toda la historia. La primera canción empieza a sonar: ‘Wheels on the bus’, que peca de algo que juzgo como uno de los problemas generales a los que se enfrenta este proyecto (y que sabe resolver en ocasiones); su letra es demasiado teatral. En la canción, Cry Baby nos está contando lo aterrada e incómoda que se siente rodeada de personas que no han tardado en empezar a hacerle bullying en el autobús, sintiéndose también algo marginada pese a tener al lado a otra chica que acabará siendo su mejor amiga, con la que puede hablar en confianza. El caso es que la letra de la canción corresponde perfectamente con la escena que vemos en la película, aludiendo incluso al resto de personajes, como los chicos a su espalda o el conductor del autobús.

En mi opinión el problema está en que al escuchar canciones como esta separadamente de la película, es decir, en Spotify o en nuestro móvil, la letra pueda quedar algo obsoleta al referenciar constantemente un entorno ficticio muy concreto del que estaremos ya desconectados. La canción hace de banda sonora perfecta para la película, pero quizá se quede en eso, en una banda sonora. Me temí que esto pudiera pasar con la mayoría de canciones del álbum, pero para nuestra grata sorpresa, vemos cómo la capacidad de Melanie como escritora no debe de ser subestimada, ya que en futuros cortes la autora se abstrae un poco más para transmitir mensajes incluso políticos y sociales, encriptados a través de términos y metáforas para ir coordinados con las escenas de la película.

Este es el caso de canciones como Drama Club o Strawberry Shortcake, dos de mis favoritas junto con Detention. Drama Club se deja escuchar en un momento de la película en el que Cry Baby debe participar obligatoriamente en un grupo de teatro, pero la letra esconde un mensaje mucho más profundo del que podremos disfrutar tras ver la película. En este corte Melanie aprovecha para criticar a los ofendidos en redes sociales, a los monta dramas, a la histeria colectiva que encontramos en Twitter o en la realidad paralela de los perfiles de Instagram. Frases como “You’re over-analyzing every word I say, There’s a whole new world out there, You’re living a play” hacen una crítica brutal a la guerra constante en la que Twitter se ha convertido, donde cada palabra que digas va a analizarse minuciosamente hasta retorcer su sentido de mil maneras posibles con el único objetivo de atacar. La canción empieza ya bien fuerte, con Melanie diciendo “Everyone’s so soft, Everyone’s so sensitive, Do I offend you?, You’re hanging on my sentences” me pregunto si no le traerá algún hater decir alto y claro que las redes están llenas de drama queens. Es un grito de guerra total contra los ofendidos, bravo por ella.

La siguiente canción en el tracklist después de Drama Club es, precisamente, Strawberry Shortcake. Me pareció a su vez líricamente magistral, ya que Melanie consigue hacer una fuerte crítica social, quejándose de que se le enseñe a las chicas a protegerse o a vestirse de forma adecuada en lugar de enseñarle a los chicos a no violar. K-12 lleva el feminismo consigo durante toda la historia, que se hace notar en canciones como esta y en partes del argumento de la película, como la tiranía del director del colegio que en cierto modo ha sido representado también como figura patriarcal, como cuando (spoiler ligero en esta línea) este personaje despide a una de las profesoras por ser una mujer transgénero en mitad de su transición. La violación y los abusos machistas son representados en la película de una forma muy interesante, a través de los chicos comiéndole la parte baja del vestido a Melanie, literalmente, ya que está hecha de tarta haciendo referencia al título. Dice la letra “Now, the boys want a taste of this strawberry shortcake, That’s my bad, that’s my bad, No one taught them not to grab” explicando sarcásticamente que es su culpa que los chicos quieran probar su tarta, nadie les enseñó a no coger un pedazo. Más adelante dice “Instead of making me feel bad for the body I got, Just teach him to keep it in his pants and tell him to stop” (en lugar de hacerme sentir mal por el cuerpo que tengo, enséñale a él a mantenerlo en sus pantalones y dile que pare).

Letras como esta demuestran que Melanie sí era capaz de desarrollar aun más la historia de Cry Baby, ya que está mandando unos mensajes mas fuertes y maduros que en su anterior trabajo. Además, yo seré el primero en escuchar Drama Club un montón de veces cada vez que quiera desahogarme de la fauna de Twitter, sin tener por qué acordarme de la película. La crítica social no para ahí. En una de las primeras escenas en el colegio, se vive un momento de tensión cuando un alumno negro se niega a levantarse durante una reverencia al himno nacional de Estados Unidos que suena desde los altavoces. Al terminar,  el chico se burla de la frase “justice for all” diciendo que es una mentira. Automáticamente la profesora le castiga. Nada mal para una artista tan joven lanzar una crítica tan directa contra ni más ni menos que el himno nacional. En Detention, uno de los últimos cortes, Melanie canta “The teachers don’t care ‘bout me, Fuck how I feel as long as I make money, They let them do whatever they want to me” mientras la vemos bailar en su imaginación estando atada y drogada en el aula de castigo. Me pregunto si con ‘los profesores’ se está refiriendo a la sociedad en sí, que no se preocupa por las emociones sino por el dinero, o si estará criticando finamente la industria musical o su discográfica, que estaría aprovechándose de ella como “carne picada” para hacer dinero. En una entrevista reciente habló positivamente del apoyo de Atlantic a su proyecto, así que seguramente sea lo primero.

Terminando ya con el análisis de canciones concretas, quiero mencionar Lunchbox Friends, canción en el que se marca un Fuck Fake Friends, en la que suelta frases comma “Wanna be my best friend then judge me, If I smoke a little weed, Makes no fucking sense to me” y sigue con “The hassle, the fighting, they all want a bite of me, Photos, more photos, Make gossip about hoes that they don’t know, Oh, they talk shit though”. Estas estrofas me hacen pensar en si tal vez haya algo de referencia al drama que tuvo la cantante hace un tiempo al enfrentar rumores de haber violado a una de sus amigas. Tal vez no solo se refiera a sus amigos sino a sus fans, entre los que quizá haya habido polémica por su consumo de hierva. Si sois fans de Melanie, ¿qué opináis de esto?

Termino ya diciendo que la película en sí es entretenida, aunque algunas de las escenas en las que escuchamos las canciones de Melanie puedan resultar algo repetitivas al estar rodadas en escenarios parecidos, siempre hay coreografías y teatralidad para salvarlas. Las canciones tienen ciertos efectos sonoros que conjugan muy bien en la película, y la sonoridad en general del disco es sin duda distinta de la del anterior. Encuentro las instrumentales algo más vacías, con kicks que nos vienen sonando de la música urbana de estos últimos años. Tenemos percusiones más secas, creo que hay más espacio para la voz de Melanie y los sonidos de juguetes infantiles se han dejado de lado por otros quizá mas neutrales pero que coinciden con elementos visuales que se ven en la película, como tizas de pizarra, toses de enfermo como las de Nurse’s Office o el claxon del autobús en Wheels on the Bus.

 

Podemos deducir, en resumen, que Melanie ha logrado evolucionar su producto en lugar de quedarse totalmente estancada, aunque desde luego que a quién no le gustó el concepto de Cry Baby, difícilmente le gustará esta nueva era. La decisión de hacer una película tiene lógica, ya que si bien los visuals vienen siendo una parte imprescindible de la música en la última década, para Melanie lo eran aun más. El montón de visitas acumuladas en los videoclips de su primer trabajo premiaban sin duda esa estética especialmente bien cuidada, cuya evolución no podía ya ser otra que atreverse con un cortometraje o, directamente, con un largo. Sonoramente sí que nos encontramos algo más cerca del punto de partida, con canciones que son mitad banda sonora mitad canción pop, que siguen usando efectos de sonido muy concretos para crear el aura del disco.

Y a vosotros, ¿os ha gustado?

 

El film completo se puede ver aquí:

 

Analizando el bombazo de Élite

Producir una serie con unas referencias tan claras, declarando desde el principio su intención de copiar unos modelos conocidos por todo el mundo como Riverdale o Gossip Girl y pretender hacerlos suyos, tiene muchos riesgos. De haberse hecho mal, Élite habría acabado siendo un refrito enlatado más que solo habría enganchado al público más joven. Sin embargo, a Carlos Montero y Darío Madrona les ha salido redondo.

Élite merece su lugar propio en el podio de mejores series adolescentes de la actualidad, ha demostrado no ser la copia de ninguna otra sino una correcta y digna versión española. Desde luego parece que España se está haciendo un nombre en el mercado mundial gracias a las otras joyas ibéricas de Netflix que lo han petado anteriormente como Las Chicas del Cable o La Casa de Papel, siendo esta última producida por Atresmedia pero distribuida a nivel internacional como original de la marca.

Personalmente, cuando decidí darle una oportunidad a Élite lo hice sin ninguna expectativa y con todos los prejuicios posibles. La única serie adolescente que realmente he disfrutado en mi vida es Skins, y esta aparentemente típica historia de asesinato y mentiras en un instituto no iba a ser diferente. Pero ver cómo todo el mundo se había enganchado de inmediato a ella me hizo sentir la necesidad de comprobar por mí mismo de qué se trataba el asunto.

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Todos los protagonistas, envueltos de una forma u otra en el asesinato como si de Por Trece Razones se tratase.

No voy a detenerme a explicar punto por punto los pros y contras de la serie ni a resumir su trama, paso directamente a contaros por qué pienso que Élite es buena, porque lo pienso.

Élite cuenta con el toque Netflix, esto es, conseguir que con una chapa de pintura un coche viejo mole como recién sacado de la fábrica, o al menos así lo veo yo. En este caso el coche viejo es Física o Química. Le doy un hurra a la serie por incluir a una protagonista musulmana, por no solo tratar heterosexualidad y homosexualidad sino también poliamor y bisexualidad, por tocar temas controvertidos como la lucha de clases y el VIH y por llevar la esencia teen al máximo nivel. Como diría la youtuber Ter, no le falta actitud performática a esta serie.

Hablando de poliamor, cierto es que ya se puede percibir una evolución y un mayor acogimiento de la diversidad sexual en series anteriores. Pero aún queda mucho territorio por explorar, y en Élite, el personaje de Polo es el que mejor lo representa.  Encontramos un triángulo amoroso genial en el que este joven, el novio de Carla, acaba obsesionándose con Christian, el chico nuevo que la pareja adopta con la intención de darle vidilla a su monótona relación. Polo no puede aguantar el doloroso rechazo de Christian hacia él, que solo acepta el trío para poder acostarse con Carla. Polo no se aclara, tal vez le gustan más los chicos que las chicas, pero de ser así, ¿qué más da?; como dice Carla, las etiquetas para la ropa.

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Para mi gusto, los dos mejores personajes de la serie. Lucrecia y Nadia.

Un acierto total en el casting, contando con la mexicana Danna Paola que coge el testigo de Brenda Asniscar en Patito Feo como la diva del instituto. Paola ejecuta el machacado arquetipo de la chica más popular y creída a la perfección, con un carácter afilado e implacable. Su personaje, Lu, suelta perlas por la boca que te dejan en el suelo al escucharlas, sobretodo hacia Nadia. Se mete con ella en numerosas ocasiones riéndose de su religión y aprovechándose de la prohibición de llevar el pañuelo en el colegio para hacerle sentir inferior. La tiene enfilada por ser la única capaz de destronarla como la primera de la clase y su intento de acabar con ella manipulando al profesor traerá consecuencias (¿spoiler?).

Por otro lado, Nadia, interpretada por la bellísima Mina El Hammani, nos trae un retrato desgarrador del choque cultural entre la tradición musulmana y el desenfreno de los jóvenes occidentales. El carácter frío, distante y rígido de su padre se lleva con peligrosidad a lo largo de la serie, hay un alto riesgo de demonizar y tipificar a los padres musulmanes. Pero al menos se habla de este conflicto de vital importancia sobretodo en nuestro país; en nuestros colegios hay alumnos procedentes de una gran diversidad de etnias y culturas, y la dificultad que muchas veces puede presentarse al conciliar vida social y familiar es un problema real que merecía ser llevado al foco.

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Dos mundos enfrentados, estas dos actrices son el corazón de la serie.

Pero no voy a despedirme sin hablar de al menos algo malo. Tras acabar de ver esta serie ideal para el formato maratón en apenas dos días, no pude evitar pensar en si tal vez todo el rollo ricos contra pobres no se les había ido un poco de las manos.

Puede que estuvieran usando un desproporcionado e infundado odio hacia los ricos que los hacía caer en el cliché. Pero justo después de hacerme esta pregunta, recordé que yo mismo había estudiado durante un año en un colegio privado allá por el 2013. Me di cuenta entonces de que un ambiente como el que se presenta en este prestigioso colegio ficticio de Madrid puede ser perfectamente válido. Si bien estaría llevado a la máxima potencia, no dista mucho de lo que yo viví en mis propias carnes en aquel privado donde hice cuarto de la ESO. Me resultó familiar esa fachada de exclusividad y alardes de superioridad que pretenden separar a los que no tienen futuro de los que sí tienen, como si tales grupos existieran, de la forma más mezquina y narcisista posible por parte de una entidad a la que solo le interesa el dinero.

Además, la primera impresión exagerada que se nos da de los pijitos de este colegio va poco a poco cambiando del negro al gris al conocer más a los personajes, que encuentran su profundidad en los complicados lazos familiares tras ellos. Es el caso de Guzman, cuando le dan una causa noble a su estúpido comportamiento (la preocupación honesta que siente por su hermana), o el caso de Lucrecia, cuando entendemos que su necesidad de soltar veneno cada vez que habla no es más que el resultado de un grave problema de autoestima.

Tenemos a personajes haciendo lo posible por pasar de un bando a otro, como puede ser Carla desechando cualquier prejuicio al incluir a Christian en su vida o Marina al despreciar continuamente al corrupto de su padre. Pero por otro lado está Nadia, luchando por ser la mejor de la clase y por poder quedarse en un instituto que odia pero que al menos le puede abrir las puertas del trabajo que merece, o Christian, que nos da un final de serie estupendo debatiéndose entre seguir su moral o entrar en el juego y apostar por un futuro mejor.

Por lo tanto, en mi opinión la lucha de clases es el apartado más discutible de la propuesta, que se salva sobretodo por las relaciones familiares de los alumnos ricos y por las traiciones entre clases. Y es que las familias con núcleos tan podridos como las que se nos presentan aquí existen. Padres que solo se preocupan de mantener intacta la falsa perfecta imagen de la familia proyectada al exterior y que rechazan por completo la posibilidad de dar a sus hijos un mínimo de libertad para que decidan por ellos mismos qué está bien y qué está mal. Una familia rica no se convierte en apestada solo por tener dinero, sino porque a menudo, a este dinero le acompaña la horrible necesidad de protegerlo sin interferencias morales, la necesidad de ser parte de la élite a toda costa.

Y vosotros, ¿qué opináis?

God is Gay, God is Shameless

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Showtime confirma una nueva entrega de una de las series más exitosas de su parrilla. David Nevins, CEO de Showtime, dice que la serie no solo mantiene las buenas críticas y los datos de audiencia, sino que ha conseguido aumentar el número de espectadores con su octava temporada. Nevins cree que el motivo por el que Shameless sigue siendo un éxito tras siete años de emisión es la buena reputación de la serie por su comedia retorcida y sus ricos personajes. El estreno del primer episodio de la octava temporada en Norteamérica pegó a 1’86 millones de espectadores al televisor y significó su mejor inicio desde la cuarta temporada.

 

La temporada 8, que emitía su último episodio el 28 de enero, es la más fuerte creativamente según Nevins. Y esto se demuestra con tramas como la de Ian, que se convertirá en el mesías gay, y Carl, que acabará contrayendo un prematuro matrimonio con una joven desequilibrada.

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Frank Gallaguer continúa intentando reinsertarse en la sociedad, sin mucho éxito. Acaba haciendo de las suyas con tal de conseguir algo de dinero con el que poder financiar su jubilación.

 

El resumen (con spoilers)

En esta temporada, Fiona intenta seguir construyéndose un futuro. Tras el fracaso de la lavandería que regentó la temporada anterior, en esta ocasión acaba por hacerse con un edificio de pisos, donde tendrá que ejercer de presidenta de la comunidad y asegurarse de que todos pagan su alquiler, algo que no siempre consigue fácilmente. Se verá en un gran entresijo cuando un obrero sufre un accidente en la fachada y la demanda por varios millones de dólares, que obviamente no puede pagar. Tendrá que lidiar con la familia del accidentado estableciéndose como ocupas en uno de sus pisos. Pero no son todo dolores de cabeza lo que le conlleva a Fiona su nueva propiedad; conocerá a un apuesto manitas que empezará por arreglarle la puerta y terminará por arreglarla a ella.

Lip intenta salvar a un profesor alcohólico al que tiene mucho aprecio por la ayuda y apoyo que le brindó para mantenerse en la universidad. Lip hace lo posible para salvar al profesor Youens de la cárcel, después de que le llevaran a juicio por destrozar la pared de una casa conduciendo borracho. Pero Youens no piensa abandonar la bebida, no quiere ser ayudado, lo que hace sentir a Lip impotente. “I choose booze, a long time ago. You don’t like what you see, don’t look” le dice Youens, en una de las escenas más emotivas de la temporada. Lip es quizá uno de los personajes que mayor evolución psicológica tiene a lo largo de la temporada, empieza a tomar conciencia del riesgo que supone para él la bebida, asume responsabilidades con Sierra, la camarera con la que salía y hacia la que aún se siente atraído, y empieza a buscar una relación más íntima en lugar del cotidiano sexo sin compromiso característico en él.

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Fiona, propietaria de un bar y ahora también de un bloque de pisos, no se rinde en su búsqueda de un futuro estable.

Carl Gallaguer descubre que puede ganar dinero encerrando a jóvenes drogadictos en el sótano durante un tiempo a modo de centro de rehabilitación, y una de sus pacientes, Kassidi, consigue enamorarle y le engatusa para que la libere. Kassidi, interpretada por Sammi Hanratty, proviene de una familia de clase alta, y ella solo quiere escapar de esa burbuja de comodidad para vivir aventuras temerarias con un chico malo. Está completamente loca, y acaba haciendo que Carl se case con ella amenazándole hasta con suicidarse. Nos da momentazos como el de su emoción al estar a punto de morir en un tiroteo en la calle y las selfies que se toma con un hombre muerto. Pero no está dispuesta a aceptar que Carl se separe de su lado y hace lo posible, hasta atarle a la cama con esposas, para que no vuelva a la escuela militar.

La trama de Ian es surrealista y esperanzadora. Un encontronazo del personaje con un cura homófobo que intenta convencer a un joven de que su condición sexual será castigada por Dios, queda grabado y se vuelve viral en YouTube. Ian gana seguidores y popularidad entre la comunidad lgtb y se gana la reputación de salvador. Llena el aforo de una iglesia y da discursos incendiarios a favor de la inclusión. Recibe incluso apoyos de otros clérigos que apoyan su causa, y pronto verá su imagen impresa en camisetas con el título de El Jesucristo Gay, venerado por lo que empieza a ser un ejército. Por supuesto el fenómeno acaba por irse de las manos, dejando de por medio una impresionante escena en la que Ian hace explotar un coche en una misión por proteger a un joven huido de su conservadora familia.

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Ian Gallaguer, en esta temporada es un héroe imparable e inmortal.

Debbie, por su parte, da lo mejor de sí misma para sacar adelante a su hija, y le da un yuyu al casi quedar embarazada de nuevo. En el episodio A Gallaguer Pedicure, Frank acaba cortando varios dedos del pie de Debbie gangrenados tras sufrir un accidente trabajando. Arrancárselos ella misma es la única solución ya que no puede pagarse la operación. Esta y la explosión del coche tras Ian dando un discurso pro igualdad son algunos de los momentos más badass.

Liam, el pequeño de los hermanos, acaba siendo usado por Frank para sacar partido de los contactos que su hijo hace en el colegio de ricos al que asiste. También intenta aprovecharse de la creciente fama de Ian para vender merchandising, y, en resumen, seguir aprovechándose como sea de los que le rodean.

Kev y V siguen protagonizando muchos puntazos cómicos de la serie, como el descubrimiento del fetiche sexual de V y los esperpénticos intentos de Kev por complacerla. Pero esta vez cobra importancia la figura de Svetlana. Por fin consiguen ganarla en su propio juego y recuperan el Alibi. Svetlana saca su lado más profundo y muestra la envidia y frustración que siente tras el reencuentro con una vieja amiga que ha conseguido cazar un sugardaddy y está experimentando, a su manera, el sueño americano que ambas deseaban vivir.

El futuro

Shameless seguirá siendo igual de interesante en su novena temporada. Los niños están creciendo, y si su objetivo principal siempre ha sido sobrevivir como sea, de momento lo están consiguiendo. La serie, paralelamente, también ha conseguido sobrevivir al paso de los años. Puede que después de todo, Shameless se acerque a un final feliz, gracias al inquebrantable carácter de los Gallaguer y a la fuerza que les corre por las venas, que se nos contagia con cada episodio. Ganas de vivir, ganas de apostar por un futuro mejor.

Aquí un par de las mejores canciones que han formado parte de la BSO:

 

Puta sociedad.

Con un 7’5 en Filmaffinity, dos Emmys y tres Globos de Oro, la serie mix de V de Vendetta y El Club de la Lucha protagonizada por un hacker es renovada por USA Network para una cuarta temporada, aunque las cifras de audiencia de estos últimos capítulos no parecen ser tan positivas como las de los finales de las anteriores temporadas.

El pasado miércoles salía a la luz shutdown -r, el último capítulo de la 3ª temporada de una de las mejores series del panorama actual. ¿Por qué una de las mejores series? Porque es un claro reflejo de lo que está ocurriendo a día de hoy en el mundo a causa de las multinacionales y la tecnología. Hagamos un repaso puesto que no hemos hablado de Mr Robot en SSN aún:

Elliot Alderson es un ingeniero de software que trabaja para E-Corp, o Malvada Corporación (tal como la llama Elliot: Evil Corp). Elliot será reclutado por una especie de Anonymous, esta vez competente, llamado fsociety para intentar destruirla.

Sin entrar en crítica cinematográfica porque no soy experto en cine, cualquiera que se ponga a verla nota un estilo de grabación muy definido, una estética seca muy conseguida que te hace sentir tan solitario como el protagonista; te agobia y te oprime. Planos secuencia y encuadres no centrados. Se rompen las reglas de composición con genialidad.

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Los personajes aparecen continuamente en las esquinas de la pantalla, algo muy poco visto en el resto de series mainstream. Aparte de la riqueza visual, ya motivo suficiente para echarle un ojo, la temática de la serie será del agrado de personas con problemas sociales y anarquistas de postureo (y si da casualidad de que no lo eres por postureo mejor).

Entrando en la tercera entrega de la serie con posibles spoilers, la segunda parte de la temporada se centra en Elliot arrepintiéndose e intentando deshacer el hackeo que elabora durante la primera parte y que causa un atentado. Elliot la lía parda, se pasea por Nueva York observando el declive económico, los cortes eléctricos y un toque de queda. El hacker sigue totalmente ido de la cabeza, aunque tiene leves momentos de lucidez en los que parece ser capaz de diferenciar entre lo que quiere Mr Robot y lo que quiere él. Su amiga y compañera Ángela Moss acaba bastante peor psicológicamente que él, no solo culpable por los 4000 muertos que dejó el ataque sino por manipular a Elliot, o lo que es lo mismo, a Mr Robot, para conseguir su propósito.

Una parte de mí no puede evitar estar feliz con el triunfo del ataque. Ver sufrir a la compañía que simboliza a la élite en nuestra sociedad que maneja el dinero y manipula el orden mundial a su antojo para conseguir sus objetivos me produce esperanza y felicidad. Todos suponemos que este ente existe, culpable de la preocupante dirección hacia la que se dirige el mundo. Puta sociedad. Lo triste es que este ataque no sirvió realmente para nada, siendo tan solo un capricho de Whiterose para perjudicar a Phillip Price, el director de E-Corp. Evil Corp sigue siendo igual de poderosa gracias a su último producto: E-Coin, una moneda global.

Si somos como Elliot, odiamos cómo la tecnología nos aleja de los demás y nos recluye en una burbuja, en la que todo lo que entra pasa por el filtro de las compañías y los gobiernos. Paradójicamente él es un experto en tecnología. Sin embargo, los culpables somos nosotros, la sociedad la formamos nosotros; nos odiamos a nosotros mismos.

Durante la tercera temporada, Darlene (la hermana de Elliot) trabaja para el FBI. Mr Robot trabaja con Ángela. Tyrell se descubre como lo que es en realidad, un títere. Hay muertes y traición, y una importante revelación sobre Ángela. En el último capítulo Darlene le hace recuperar a Elliot un recuerdo que su mente había distorsionado. “Mi padre me tiró por la ventana” repetía Elliot. Pero no era su padre, o Mr Robot, el que le tiró, fue él mismo el que se arrojó al vacío. Podría esto significar que no es Mr Robot tan malvado, ni tan incontrolable. Elliot podría estar a punto de aprender a manejar y convivir con su múltiple personalidad en la cuarta temporada.

 

Review de Her

Este artículo ha sido escrito por Jorge Moreno Aranda.

Anoche me detuve a ver ‘Her’, dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquín Phoenix y la voz de Scarlett Johansson. El film cuenta con otras grandes artistas como Amy Adams y Olivia Wilde. La película ganó numerosos premios, entre los que destacan un Óscar y un Globo de Oro al mejor guión. Todo estos galardones hacen que la película sea muy atractiva a priori, pero es que además, después de verla la sensación que deja es de haber aprovechado el tiempo, no solo en el sentido de disfrutarla sino porque también te hace pensar.

Quiero dejar claro que estas líneas no están escritas con el fin de realizar un análisis cinematográfico, ya que ni lo pretendo ni está a mi alcance. Lo que voy a hacer a continuación es exponer lo que a mí me transmitió la cinta, lo que sentí al verla, lo que pensé. Lo primero es que la sentí una película que pese a tener tan presente la informática, los sistemas operativos y un futuro –de momento ficticio pero que cada día es más real- que tiene como grandes protagonistas a las máquinas fuese tan sumamente humana y hablase de algo tan inhérito al hombre como los sentimientos. Estos sentimientos no solo se dan en los humanos sino también en Samantha (Scarlett Johansson), el sistema operativo del que Theodore (Joaquín Phoenix) se enamora. Samantha, en un momento dado, se pregunta: “¿son reales estos sentimientos? ¿o son parte de la programación?”. A raíz de esta frase me puse a pensar, a debatirme acerca de los sentimientos del ser humano, acerca de si realmente sentimos de forma autónoma o también somos parte de una programación que se nos aplica para ser educados en una cultura determinada y que hace que todos operemos de forma similar. ¿Lo que sentimos es real? ¿O es el resultado de una vida entera siendo adaptados a un entorno determinado? ¿Podemos, siquiera, usar los adjetivos real, natural o artificial en algo tan abstracto como los sentimientos?

Esas cuestiones fueron alimentadas por el trabajo de Thedore, que no es otro que escribir cartas –de forma brillante, dicho sea- en nombre de otras personas para que estas se las envíen a seres queridos. Ya no solo es que lo que sentimos quede en entredicho; lo que expresamos no es la realidad, sino que tratamos de embellecer estas emociones o directamente no las expresamos, ya sea por incapacidad o por comodidad.

Otro punto interesante del film reside en cómo Spike Jonze parece querer darle especial importancia a lo sonoro. Esto queda en evidencia en uno de los personajes principales de la película: Samantha. Samantha no es algo físico, solo tiene voz y cuando intenta que alguien la materialice el experimento sale mal. Otro momento en el que notamos el foco en la BSO es en el que Samantha crea una melodía de piano que pretende sustituir la fotografía que ella y Theodore nunca tendrán por motivos obvios. Curiosamente, en los flashbacks o sueños que Theodore tiene en la película los diálogos son sustituidos por música. Esto resalta la capacidad de una canción para contar lo que está pasando sin necesidad de saber el contenido de la conversación. Y no es una canción quien comunica a la perfección todos sus sentimientos simplemente por su tono, es la voz de Samantha. Esto fue otro de los argumentos que me llevó a pensar que el director quería centrarse en lo sonoro y en su capacidad para transmitir sin la necesidad de aportar imágenes.

 

 

 

 

 

 

‘Her’ es una buena obra para entender el concepto de singularidad tecnológica cada vez más oído en charlas científicas.

 

Finalmente, en lo último que me llevó a pensar la película fue en la ligereza del ser humano. Esto fue culpa de la escena en la que Samantha presenta a Theodore a un filósofo fallecido años antes cuyas obras fueron introducidas en un sistema operativo que permite sustituirle y saber qué pensaría en caso de estar vivo. En este hipotético escenario el ser humano ya no es necesario y ya ha cumplido su objetivo en la historia. Ya ha vertido su conocimiento en el mundo y ahora puede seguirse haciendo uso de él sin el requisito de que siga existiendo. Ahora el cuerpo físico  es pura materia que podría ser sustituida en cualquier momento.

No sé si en un futuro podremos ser reemplazados cuando ya no existamos, lo que sí sé es que mientras existamos merece la pena disfrutar de obras como Her, obras que no acaban cuando apagamos la pantalla sino que perduran en nuestro imaginario, en nuestra forma de ver el mundo, en las preguntas que nos hacemos y en las respuesta que quizá nunca podremos obtener.

“The Good Place” REVIEW

 

Netflix quiere crear series únicas, extrañas, atrevidas. Ya dejaron claro que la continuación o permanencia de las mismas no les preocupaba, quieren probar más y más. Aunque tengan que cortar la producción de algunos proyectos con apenas dos temporadas, la famosa plataforma de streaming tiene como objetivo plantear nuevos formatos, nuevas ideas que no tienen que ser necesariamente del gusto de las grandes masas. Cuando te quitas de en medio estos filtros, pueden ocurrir grandes cosas.

The Good Place parece ser una de estas muchas semillitas que la compañía planta en su propio terreno para descubrir en qué se convierte, y definitivamente, esta sí que ha florecido.

La serie protagonizada por Kristen Bell y Ted Danson es una de las comedias más originales que podrás ver en el panorama actual. Empezó a emitirse en septiembre del año pasado y regresó hace poco con su segunda temporada. Mezclando el género sitcom con la fantasía más descabellada, la historia sigue a Eleanor Shellstrop (Kristen Bell), que después de morir en un ridículo accidente despierta en el mismísimo cielo. Se trata de un pequeño mundo maravilloso manejado por Michael (Ted Danson), cuya única misión es crear la perfecta versión del paraíso para sus habitantes, no sin la ayuda de una desternillante ayudante, Janet (que no es más que una Siri con forma humana y todopoderosa) que será la responsable de muchos de los puntazos de la serie.

Con esto ya se nos plantea un escenario novedoso e inimaginable para una comedia, y es que en realidad, Eleanor no encaja allí. Ella no fue ni mucho menos perfecta durante su vida en la tierra, de hecho se portó mal con todos los que la rodeaban. Además, desde un principio Eleanor sabía que la habían confundido con otra persona, ella no debería estar en el cielo, sino en el infierno. Las risas las encontraremos viendo a Eleanor pasearse por ese pequeño vecindario intentando no cagarla, pero no lo consigue y empiezan a suceder cosas malas por su culpa. Tendremos una dosis de tensión sexual cuando la protagonista intente convertirse en buena persona con la ayuda de uno de sus compañeros de eternidad, Chidi, que era profesor de ética.

Todos nos sentiremos identificados con Eleanor, sus imperfecciones, sus miedos y también sus virtudes (en el fondo no es mala persona). El cielo nunca había sido tan divertido. Además, otros estrambóticos personajes terminarán causando junto a Eleanor un auténtico terremoto en el cielo, la lían parda. Y es que parece que para ninguno resulta fácil mantener la compostura en el reino del autocontrol y la disciplina moral.

¿Qué haríamos nosotros si despertamos en el cielo por equivocación? ¿Serías capaz de mantener el tipo? ¿Intentarías ser lo que no fuiste en vida o darías la felicidad eterna por perdida? El paraíso puede llegar a ser frustrante, no hay nada como el libre albedrío sin seres superiores que nos juzguen.

Nada es lo que parece en esta fantasía (leer con voz de Soyunapringada), y es que con cada capítulo nos dan más pistas que parecen indicar que algo no va bien. Y efectivamente, en el último episodio de la primera temporada, The Good Place demuestra ser pequeña pero matona, dando uno de los giros de guión más locos que he visto en mucho tiempo. Razón de más para darle una oportunidad. La serie es además apta para todas las edades ya que, resulta que en el cielo no se pueden decir tacos. ¿Y qué clase de cielo sería ese?